8 de octubre 2008 - 00:00

Lección del derrumbe: nunca oficiar de gurú

Lección del derrumbe: nunca oficiar de gurú
Una comparación entre lo que algunos responsablesde la política financiera mundial, economistas y funcionarios decían a comienzos del estallido de la burbuja inmobiliaria y lo que dicen ahora no deja a casi nadie bien parado.

Así, por ejemplo, a comienzos de octubre de 2007, el ex presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan -hacia quien se dirigen hoy muchas miradas acusatorias-, todavía creía que la crisis hipotecaria estaba a punto de concluir, mientras que el secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson, sostenía que había que «cuidarse de sobreactuar a través de una regulación excesiva». Dominique Strauss-Kahn, titular del Fondo Monetario Internacional, que hoy anuncia que el crecimiento económico mundial se verá afectado, afirmaba en abril de 2008 que la desaceleración era «importante, pero no dramática».

Salvan la ropa algunos gurúes internacionales, como el economista y ensayista francés Jacques Attali o el financista húngaro norteamericano George Soros.

  • Riesgo

  • Puede argumentarse que quienes tienen responsabilidades institucionales deben medir más sus palabras pues éstas tienen una mayor incidencia en el curso de los acontecimientos y, en consecuencia, se sienten obligados al optimismo. Pero el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, fue la excepción, ya que tan temprano como en setiembre de 2007, afirmó que existía «un riesgo de contagio a la economía real de los Estados Unidos de la crisis de las subprimes».

    El presidente estadounidense, George W. Bush, en cambio, se sintió por aquel entonces en el deber de calmar las aguas y aseguró que había liquidez suficiente como para que los mercados se corrigiesen. Un año más tarde, estaba presentando al Congreso un plan de rescate.

    En estas latitudes, los responsables políticos también buscaron mostrarse confiados, como el presidente del Brasil, Lula da Silva, que dijo: «¿Crisis?, pregúntenle a Bush», poco antes de que se derrumbara la Bolsa de San Pablo; o directamente regocijados, como Cristina de Kirchner, ante una desgracia que supone totalmente ajena.

  • Medidas

    A diferencia de Lula, quien poco después admitió que una recesión en Estados Unidos «puede traer problemas a todos los países», ella aún no ha vuelto sobre sus palabras, aunque su gobierno ya prepara medidas para prevenir los coletazos de una crisis que no dejará de tener consecuencias en una economía que exhibía síntomas preocupantes, como la inflación, desde antes del estallido de la burbuja hipotecaria.
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