25 de septiembre 2001 - 00:00

Lentos avances de Marx en plan de canje de la deuda

En una maratónica jornada, el viceministro de Economía, Daniel Marx, mantuvo ayer una serie de entrevistas en Washington con funcionarios del más alto nivel de los organismos multilaterales de crédito. Las negociaciones tuvieron un solo objetivo: aumentar las garantías para avanzar con futuras operaciones de canje de deuda. Hasta ahora, sólo el FMI comprometió u$s 3.000 millones.

Con estos canjes se busca mejorar el perfil de vencimientos de la Argentina y aliviar la carga de intereses de la deuda al reducir considerablemente la tasa promedio que el país está pagando por u$s 130.000 millones.

Las reuniones del funcionario argentino incluyeron, entre otros, al director gerente del Fondo Monetario Internacional, Horst Köhler, y al número uno del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias. También entrevistó al vicepresidente del Banco Mundial, David de Ferranti.

«Para que esta movida tenga sentido, el monto de las garantías tiene que ser muy importante. Si no, será insignificante el alivio por el volumen de la deuda», expresó Marx a sus interlocutores, repitiendo lo expresado la semana pasada durante su viaje a Europa.

A la escena de las negociaciones se sumó ahora un nuevo funcionario clave en el FMI. Se trata de Gerd Hausler, encargado del nuevo sector de mercado de capitales del organismo, quien deberá dar su aprobación a las decisiones que adopte la Argentina.

Aunque todavía no hay plazos ni condiciones acordadas para mejorar el perfil de la deuda pública, sí comienzan a trascender algunas definiciones importantes:

• Es casi imposible que en una sola operación se consiga todo el ahorro que se busca. Ello implica que en vez de un maxicanje habría varios canjes, que comenzarían a fin de octubre y finalizarían en marzo, según el cronograma ideal que manejan en el Ministerio de Economía.

• Además de una reducción en el monto nominal de la deuda y de la tasa de interés, se espera patear hacia adelante vencimientos por unos u$s 2.500 millones del año que viene. Es el dinero que la Argentina debería conseguir en los mercados si cumple con el déficit cero. En caso de poder llevar adelante el plan, en 2002 directamente podrá financiarse con el dinero ya comprometido por los organismos multilaterales.

• Los u$s 3.000 millones que comprometió el FMI para garantizar futuras emisiones de deuda de la Argentina son un buen comienzo. Pero se necesitan más recursos de organismos multilaterales para llegar, por lo menos, a los u$s 10.000 millones.

• Como alternativa adicional, Marx esbozó la idea de garantizar el pago de bonos con la recaudación impositiva. Esta es una iniciativa del asesor de Domingo Cavallo, Horacio Liendo, que se había plasmado en el proyecto de ley de crédito público, y ahora fue desempolvada. Un detalle clave: esta operatoria sólo podrá ser aplicable directamente a los tenedores locales de bonos argentinos, es decir para lo que puede considerarse deuda interna. La explicación es que los bonos internacionales no admiten que algunos tengan un mejor status que otros por garantías ofrecidas por el propio país (como es el caso de la recaudación).

Los negociadores en el Palacio de Hacienda reconocen que será clave la actitud que tomen los inversores locales. Las AFJP y los bancos fueron los principales actores en el megacanje de mayo y se quedaron con la mayor parte de los bonos de mayor tasa colocados por el gobierno. Ahora, la intención oficial es rescatar esos títulos (que rinden 14% en promedio) y entregar otros con tasas inferiores a 8%. La garantía para este segmento sería la recaudación.

Un dato no menor es que hasta ahora no hubo ninguna reunión de Economía con los inversores locales para discutir este tema. Y en los pasillos del ministerio aún reconocen que está «verde».

Para hoy la agenda de Marx está menos congestionada. Tiene prevista una reunión con Guillermo Calvo, el economista jefe del BID, y encuentros informales, ya que a la tarde estará retornando a Buenos Aires.

Por otra parte, El BM y el BID confirmaron el desembolso de u$s 1.000 millones correspondiente a la línea de préstamo contingente que había comprometido un grupo de bancos internacionales y que decidió ejecutar el Banco Central. El dinero quedará depositado en una cuenta en los Estados Unidos, ya que es una garantía (margin call) que cubre una posible caída de los títulos públicos.

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