Si quisiéramos ver el vaso medio lleno, diríamos que el Dow y el S&P 500 registraron ayer la mayor suba de las últimas tres semanas. Si, en cambio, preferimos verlo "medio vacío", nos volcaríamos a la idea de que las blue chips tuvieron una "discreta" suba de 0,99% al cerrar el Dow en 10.809,47 puntos (el S&P 500 trepó aun menos, 0,72%), que el petróleo trepó 1%, a u$s 66,66 (y no benefició al sector) y, tal vez lo más importante, que los bonos del Tesoro continuaron derrumbándose llevando la tasa de diez años a 4,525% (y la de dos a 4,486%). Este último punto, sin embargo, tuvo una cara positiva al significar que -vía los mayores "spreads"- los papeles del sector financiero han de ganar más dinero, lo que hizo que ellos fueran ayer la estrella del mercado. Claro que para esto hizo falta el sustrato de optimismo que dieron los buenos balances de Caterpillar, Honeywell, Lockheed Martin, AT&T, Versión, etc. y la más que discreta colocación de acciones de la cadena de comida mexicana Chipotle.
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Como un sándwich, al mercado financiero lo podemos "rebanar" en tres: los inversores ( colocadores de dinero), los tomadores (empresas o estados) y, entre ellos, los intermediarios. Si bien en un mercado muy (o muy poco) evolucionado los últimos tienden a desaparecer (no son necesarios) en la medida en que existen, cuando su costo crece, estamos en problemas. Claro que los problemas son más grandes cuando los inversores se alejan del mercado. De estas dos situaciones ya hemos hablado al referirnos a la suba de costos de que está imponiendo la reestructuración del sistema bursátil norteamericano y la marcada caída de la presencia extranjera en las últimas licitaciones de bonos del Tesoro.
Desgraciadamente, la tercera pata del mercado, la de los tomadores, también está fallando. En el año 2000, 9 de cada 10 dólares que conseguían las empresas que se lanzaban a cotizar internacionalmente provenían de los EE.UU. El año pasado, 9 de cada 10 se obtuvieron en Londres o en Luxemburgo. No es que el NYSE o el NASDAQ vayan a desaparecer de la noche a la mañana (aunque quién sabe), pero que estructuralmente el sistema bursátil norteamericano está en una senda equivocada es algo difícil de cuestionar.
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