La curiosa la cobertura que realizó la mayoría de los diarios del país sobre la asunción de Sergio Chodos en la Secretaría de Finanzas. Se explicó que su antecesor, Alfredo Mac Laughlin, no podía hacer frente al trajín del cargo por razones médicas pero, al mismo tiempo, se le adjudicaba a Chodos la responsabilidad casi exclusiva de negociar con el Club de París, misión incapaz de sobresaltar al más ansioso de los funcionarios.
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Como se consignó ayer en estas páginas, a Chodos no lo llevaron al ministerio las responsables de negociar con los estados acreedores de la Argentina, Felisa Miceli y Alejandra Scharf. El padrino de Chodos es Julio De Vido, ministro de Infraestructura, el área en la que se mueve el padre del funcionario, Gregorio. Es esta vinculación entre Chodos Jr. y la obra pública la que hay que indagar para comprender su función, que será estratégica para dificultades centrales del gobierno.
El principal desafío que tiene hoy el área de Finanzas, si se la mira con los ojos de Néstor Kirchner y De Vido, no es la colocación de deuda internacional. Esa habrá sido una inquietud de Mac Laughlin, avergonzado por tener que servir a una estrategia heterodoxa como la de captar dinero «bolivariano» a cambio de los bonos que aceptó sistemáticamente Hugo Chávez (y cuya colocación en el mercado secundario sería un espectacular negocio de los banqueros amigos del venezolano, en Caracas). A quienes llevaron a Chodos Jr. a su nueva función no les provoca ninguna contradicción esta estrategia de financiamiento: más aún, son quienes la administran y bendicen.
En cambio en Infraestructura existe otra urgencia. Es la de encontrar fuentes de financiamiento para el programa de obras públicas, sobre todo energéticas, que se prepara desde hace meses pero que encuentra dificultades severas para solventarse. Es aquí donde podría rendir sus frutos el carácter anfibio del joven funcionario: conocedor del instrumental financiero, también sabe entender las necesidades de empresas como las que representa su padre en la Cámara Argentina de la Construcción. Más aún: gran parte del financiamiento que él consiga irá a manos de esas compañías. O, al menos, de algunas de ellas.
Para tener una idea de estas premuras basta un ejemplo. El gobierno licitó a comienzos de octubre la construcción de dos centrales eléctricas en Timbúes (Santa Fe) y en Campana. La obra le fue adjudicada a Siemens, con el argumento de que prometió completar los trabajos en tiempo récord, antes de que termine 2009 (a pesar de esa razón el gobierno sigue censurando la expresión « crisis energética»). El costo de esas obras es de u$s 1.067 millones. El 50% será pagado con el dinero que deben ceder las generadores que tenían acreencias con el fisco. La otra mitad correrá por cuenta del Estado. Es imposible que ese aporte se haga con recursos corrientes, sobre todo cuando el superávit fiscal está exhibiendo algunas restricciones. La ley que permite el cobro de cargos especiales en las facturas de los usuarios tampoco parece satisfacer la exigencia de semejantes inversiones. En esta instancia es donde De Vido pedirá creatividad al hijo de Chodos: la que se requiere para diseñar instrumentos capaces de colectar ese dinero. Sea en el mercado externo o, lo más probable, en el mercado local de las AFJP (la Argentina sigue siendo la Argentina y las urgencias de todo tipo continuarán pagándose con los ahorros de los ciudadanos). Interviene aquí la mano del azar: al frente de la cámara de AFJP está un ex compañero de Chodos en el equipo de Lavagna, Sebastián Palla (ver aparte nota sobre fideicomiso para obras gasíferas).
Destinatarios
Las empresas receptoras de esos fondos serán, claro, las que forman parte del club que integra Chodos Sr. En el ejemplo citado, la obra civil correrá por cuenta de Electroingeniería, del cordobés Gerardo Ferreira, un ex militante del PCR -ya parece un sosías de Carlos Zannini- que se ha convertido en la mayor ejecutora de tendidos eléctricos del país en los últimos tres años, gracias a adjudicaciones oficiales.
Como sucederá en el caso de las centrales comprometidas por Siemens, la expansión de los gasoductos ya requirió de la emisión de bonos de la Tesorería. Son los que se depositaron en el Banco Central para que el BNDS de Brasil garantizara un crédito a Odebrecht -también del país vecino-, encargada de realizar las obras (se supone que serán subcontratadas empresas de la Cámara que preside Carlos Wagner y en la que opera Chodos Sr.: la de Ferreira, Lázaro Báez o el propio Wagner). Para que la garantía fuera operativa se utilizaron los mecanismos de la ALADI.
En estas tareas, centrales para que resulte sustentable un programa tan sustentado en la obra pública como el de Kirchner, deberá concentrar sus energías Chodos Jr. La colocación de un bono internacional, es decir, el primero con jurisdicción extranjera después del default, será un reto interesante, acaso muy necesario, pero tangencial para resolver el problema que enfrenta De Vido. Nada menos que la expansión contra reloj de la capacidad instalada en el sistema energético.
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