En las mesas de dinero, pese a la mala performance de los mercados, el Mundial ocupa cada día más espacio de las conversaciones de las líneas punto a punto. Ayer, en todos los bancos fue el día de los preparativos con la instalación de proyectores y televisores de 34 pulgadas como mínimo. También predomina la confección del PRODE interno en los bancos, y en una sola entidad se jugaron más de 2.000 tarjetas... Más allá de ello, el día dejó varios datos en lo financiero, porque al afán de conseguir ganancias monetarias no lo frena el fútbol (a lo sumo, dos horas como cuando juegue Argentina el próximo viernes a las 10).
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«Hoy (por ayer), todo empezó horrible y, luego, cuando salió un dato, el de inventarios en EE.UU., se dio vuelta», graficó un reconocido operador. Hay varias leyes financieras que están surgiendo desde que hace 30 días comenzó la ola de ventas en Wall Street: 1) si un día hay un rally alcista, al día siguiente sobrevienen fuertes ventas de quienes aún no deshicieron carteras de riesgo; 2) siempre que cae Wall Street, caen también los títulos de deuda de países emergentes. Antes no se veía esa correlación con el índice Dow Jones. Pero, atención, porque por primera vez ayer este fenómeno no se dio, lo que sería señal de que habría llegado a un piso las cotizaciones de los papeles emergentes; 3) un indicador de la economía norteamericana que muestra debilidad, que antes hacía subir mercados porque se anticipaba que no iban a subir más las tasas, ahora puede hacer tambalear cotizaciones. Es tanta la incertidumbre que bonos y acciones caen por cualquier motivo, y ya no se sabe bien qué dato ayuda o no.
La misión del FMI estuvo con varios economistas en esta semana en reuniones de absoluta reserva. ¿Qué dicen los técnicos? Sorprendentemente, están más optimistas que en anteriores ocasiones. Es que sus integrantes no estuvieron durante la crisis o con la dura negociación después de ésta, y por ende, «están menos contaminados». Incluso se reunieron con economistas heterodoxos, un intento quizá de anticipar lo que piensa el gobierno a través de ellos.
Siempre hay que tener cautela con las recomendaciones de compra que se dan en épocas como las que viven hoy los mercados. Nunca se sabe si un papel que ya cayó 10% está barato en realidad. «Del exterior no llega ninguna orden de compra», señalaban mesadineristas. Hay quienes apuestan a una emisión de bancos brasileños, de mediano porte, que ofrece 19% en reales a dos años. No es poco, pero nunca se sabe en este contexto. Otro dato: los operadores están mirando de cerca un nuevo indicador y apostando sobre él, que es el «VIX», que mide la volatilidad del mercado. La idea fue del Chicago Board Options Exchange y está creciendo su utilización hasta como cobertura. Tiene correlación inversa con el mercado accionario norteamericano.
Los bancos de inversión no se ponen de acuerdo respecto del precio justo para el oro, y esto se refleja en la fuerte oscilación del metal en las últimas semanas. Después de tocar los u$s 725 la onza hace un mes, llegó a caer ayer hasta u$s 612 para luego rebotar hasta u$s 617. Morgan Stanley dio a conocer un informe en el que vaticina que llegará hasta los u$s 800 debido a que representa un buen refugio ante presiones inflacionarias que siguen creciendo. Pero otras entidades, como el Citigroup, lo ven oscilando entre u$s 560 y u$s 640, adhiriéndose a la teoría de que los bienes primarios (como el cobre, el zinc o el aluminio) crecieron de manera exagerada. Sin embargo, hay un dato concreto que puede servir para avalar la escalada que había tenido en los últimos 18 meses. Los bancos centrales asiáticos estarían pensando en comprar para diversificar sus reservas que están en valores récord (y casi todo en bonos del Tesoro estadounidense). China tiene u$s 900.000 y la India u$s 150.000. Con que destinen una parte mínima al metal alcanzaría para generar una fuerte demanda. Irán, por ejemplo, habría comprado un importante monto a la Unión de Bancos Suizos en los últimos meses.
Tanto en el Ministerio de Economía como en otros funcionarios del gobierno se ufanaron durante la semana de que los bonos argentinos fueron los que quedaron más a salvo de la región en medio del temblor de los mercados. «Con un dólar que no tiene margen para subir y una situación financiera holgada, no hay incentivo para jugar en contra de nuestros títulos», explicaban en el Palacio de Hacienda. «Nunca un funcionario debe cantar victoria en mercados, menos con los vaivenes que existen. Ejemplos de mercados seguros que se contagiaron con el paso de los días siempre sobran», fue la respuesta de un analista al respecto.
«Ya no entiendo más nada, estoy para quemar los libros de economía.» La frase de otro operador local se repitió en los últimos días. Pero en este caso tuvo que ver con la caída del euro tras la decisión del Banco Central Europeo de subir un cuarto de punto la tasa de corto plazo para combatir presiones inflacionarias. El comunicado dejó claro que continuarán las subas, por lo que la tasa de 2,75% anual pasaría a 3,25% a fin de año. Obviamente, el dólar fue el gran ganador por inversores que se refugian en los bonos del Tesoro norteamericanos.
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