Primero, las damas. Luego de recibir dos pedidos de entrevistas, Ricardo López Murphy decidió: Susana Rueda, la del trígono de la CGT, antes que Mauricio Macri. Y así fue. Pero el metódico jefe de Recrear no previó una complicación: los dos cónclaves trascendieron, al menos como citas. Toda una cuestión para él, quien hasta ahora llevaba encuentros de diversa índole con la más absoluta de las discreciones y reciprocidades (Elisa Carrió, por ejemplo, mantiene un teléfono rojo con el economista). Nadie diría que vivió las divulgaciones como una deslealtad, pero ayer estaba sorprendido por cierta falta de códigos o por la materia barrosa que alimenta una actividad en la que todavía le falta doctorarse. Igual no hizo declaraciones sobre las dos entrevistas.
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Un gremialista, «gordo» para más datos, fue quien entregó a Rueda a López Murphy, ya que ella parece interesada -desde que se catapultó en la central obrera-a pasar de las cuerdas a los bronces en la política como si todo en la orquesta sonara igual. Por supuesto, la dama evitó notificar a sus dos compadres de la CGT (Juan José Lingieri y Hugo Moyano) debido a que el secreto es común en la relación de hombres y mujeres y ella, a su vez, debía responderle al camionero por el recibimiento que éste le hiciera al piquetero Raúl Castells. Si el otro está con la izquierda, yo converso con el liberal. Nadie sabe, tampoco, si le avisó a su jefe natural en el gremio ( Sanidad), Carlos West Ocampo, quien ya empezó a conmoverse con los movimientos de la mujer, quien reclama cambios y renovación. ¿Acaso el mensaje es exclusivo para la CGT?
La novedad para López Murphy era entrevistar a la rama femenina de la central obrera, no a una sindicalista en particular: en los últimos tiempos, sea por determinación propia o por iniciativa de otros, se ha encontrado en más de una «cueva» con «gordos» o aspirantes a esa condición.
• Shock
Finalmente, él también sufre los problemas de la dieta. Si ese mundo ajeno, en alguna medida, puede deslumbrarlo por sus capacidades prácticas, lo de Rueda hizo aun más impacto: al menos, es la impresión que ella misma recogió y le transmitió a sus dos secretarias como resultado de esa primera cita. Orgullosa confidencia femenina a la que agregó su propia rendición: volvió más shockeada de esa entrevista secreta con López Murphy que la anterior, también secreta, con Néstor Kirchner. Claro, uno es más robusto que el otro. En la CGT, mientras, aunque encuadraron a Rueda (por lo menos, con picardía la marginaron del diálogo por salarios), se indignaron porque la controlan menos que a sus propias mujeres. Y eso que la rubia y abogada esposa de Moyano es más que comprensible con los nervios de su marido que, en los últimos tiempos, le provocan insomnio.
Lo de Macri con López Murphy fue diferente. En principio, porque la avanzada de Rueda apenas recogió un café, mientras la reunión con el boquense se realizó en el elegante aunque tradicional departamento de Felipe de la Balze, eventual comentarista dominguero del monopolio «Clarín» (viene a ser el testigo de que en el medio se practica la democracia, la derecha allí también participa, al igual que brindan espacio a un economista al que no le reprochan haber diseñado la política económica del Proceso militar ni el «Rodrigazo», mientras sí destruyen como deporte a José Alfredo Martínez de Hoz o, en ocasiones, a Celestino Rodrigo). Platos estilo Bocuse por las ínfimas porciones -¡qué otra cosa se le puede pedir a De la Balze!- y la presencia de Horacio Rodríguez Larreta (h) y Eugenio Burzaco como partners de Macri.
•Choque
Razón de la convocatoria: la formalización de un acuerdo básico para no superponer candidaturas en los distritos. Es decir, si López Murphy va como aspirante al Senado el año próximo en Buenos Aires, como ya lo decidió, Macri no debería competir por el mismo puesto. Y viceversa en la Capital. Sin embargo, hoy el empresario lanza su movimiento en Tandil y hará campaña en todo el ámbito bonaerense porque, dicen, las encuestas allí lo favorecen. Otros, en cambio, afirman que no desea pasar el mal trago -padecería el mismo síndrome del gobierno de enfrentar a Elisa Carrió en el ejido porteño. Sea por una razón o por otra, lo cierto es que Macri no piensa solo en la Capital, su sueño es el 2007 (¿presidente?) y, por lo tanto, alienta su expansión territorial. Objetivamente, choca con López Murphy.
Macri, entonces, aceptó el consejo de su entorno y, también, el de Eduardo Duhalde, quien hace unos meses (en un almuerzo en Lomas, antes de un partido de Banfield) le recomendó plantar bandera en la provincia. Fue más explícito: le dijo que el peronismo futuro eran José Manuel de la Sota, Carlos Reutemann, Macri y, por supuesto, él que los dirigiría. Parece esa sugerencia un rosario de vidrios coloreados, menos disimulados a los que Colón cambiaba por oro o esclavos. Se justificaba Duhalde: en ese momento estaba en plena tensión con Kirchner y, quizá, no imaginaba una repentina conciliación que aún se mantiene en forma precaria. Pero ese impulso fue determinante y entonces Macri abrió los ojos, pidió sondeos de opinión y puso en marcha su campaña. Siempre con la precaución, claro, de quien es más heredero que emprendedor.
Como López Murphy ya manifestó su postulación y ha logrado adherir retazos del radicalismo en la provincia (lo que ha vuelto histérico a Raúl Alfonsín, quien teme que lo entierren cuando sólo tiene catalepsia partidaria), el conflicto de intereses entre el economista y el empresario ya está expuesto, tanto que la cena no fue bien digerida por nadie. Para estremecimiento del anfitrión de los buenos modales. Aunque la comida tuvo poco que ver y, lo que más ha enturbiado ese contacto nocturno, fue la posterior difusión del encuentro. En cualquier momento se desorbita López Murphy y se afilia al pensamiento del técnico de fútbol Carlos Bianchi, quien como todo el mundo sabe, tiene los mejores recuerdos de Macri.
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