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La Bolsa de Tokio logró cerrar ayer con una suba marginal, tras tres días consecutivos de pérdidas. A última hora del día, el índice selectivo Nikkei de los 225 principales valores avanzó 4,40 puntos (0,05 por ciento), para finalizar en 8.464,77. Los inversores se mantuvieron cautelosos después de las inesperadas compras al inicio del día por parte de los fondos de pensiones. El indicador Topix, que reúne todos los valores de la primera sección, se apuntó una ganancia de 2,43 puntos (0,29%), subiendo hasta los 839,62 puntos. El volumen de negociaciones en la sección principal ascendió hasta los 662,62 millones de acciones, frente a los 638,06 millones de la antevíspera. Los valores en ascenso sobrepasaron aquellos en descenso, por 797 contra 543, mientras que 150 no registraron variación.
El mercado londinense cerró ayer con una mejora de 1,73 por ciento, terminando con una caída de cuatro jornadas bursátiles consecutivas. El índice FTSE 100 finalizó con una ganancia de 69,4 puntos a 4.085. El incremento de las ganancias del gigante de la telefonía celular Vodafone aumentó, a su vez, el optimismo sobre mejoras en los resultados corporativos. Esta mejor expectativa se reflejó en la recuperación de las acciones líderes. Otros mercados europeos también operaron con signo positivo. Por ejemplo, la Bolsa de Francfort tuvo una fuerte mejora de 2,43 por ciento, aumentando 73,82 puntos. París tuvo una menor recuperación de 0,36 por ciento, pero que también sirvió para dar vuelta cuatro días consecutivos de caída.
No fue una buena rueda. Ahora, extrapolar que, porque el Bovespa perdió 1,67% tras cerrar en 9.720,55 puntos, implica que debemos pensar en el inicio de un mercado bajista parece por ahora algo exagerado. Es cierto que hubo razones más que justificadas para la merma: muy poco interés (u$s 136 millones operados) y el incremento de los precios durante el último mes de 1,31%, superando todas las expectativas de los analistas. Esto disparó el temor a que el gobierno deje de bajar o que incluso comience a incrementar la tasa SELIC, deprimiendo aún más la economía. Casi como por vasos comunicantes, el real, luego de tres ruedas en suba, se derrumbó 2,5% para quedar en R$ 3,61 por dólar, los C-Bonds se deprimieron 3%, y al gobierno se le hizo extremadamente difícil el tercer roll over anticipando los vencimientos de este jueves (parece que el Central habrá de recomprar su propia deuda ante la falta de interesados).
Nada. Mejor dicho, apenas un descanso y gracias a una sola empresa: Copec que, luego de presentar sus estados contables, ganó 1,54% con un muy fuerte volumen negociado (la firma es el mayor conglomerado industrial del país). Claro que lo de muy fuerte es relativo porque en total apenas se alcanzaron a realizar operaciones por u$s 9,6 millones. Tal vez, lo peor del día no fue que el IPSA quedara en los hechos casi sin variación en 79,62 puntos (estrictamente hubo una mejora de 0,01%), sino que, mientras los mercados externos retrocedían y el local se movía de manera sincrónica, ayer, cuando ganaron terreno se quebró este efecto de simpatía. Si bien el índice de las empresas con cotización en los EE.UU. perdió 0,06%, fueron las firmas del sector eléctrico las responsables del malhumor entre los inversores. Buscando una buena noticia, hay que ir al mercado cambiario, donde el peso cerró en 707,2 por dólar, mínimo del trimestre.
Se rompió el comportamiento "simpático" que estuvo mostrando la plaza local con la norteamericana. El problema es que esto terminó siendo negativo, ya que el IPC cerró el día en 5.865,11 puntos, mostrando una baja de 0,45%. Esto puede haber obedecido a diversas causas. Primero, los problemas crecientes que enfrenta el presupuesto de 2003 en su tratamiento legislativo. Segundo, la suba en la tasa de corte de los CETES, que en la versión de 28 días subió a 7,79% anual, a pesar de que el peso experimentó una ligera recuperación frente al dólar quedando en $ 10,3 por billete norteamericano. Como sea, es claro que el interés de los inversores por la activad bursátil sigue decayendo, ya que apenas se alcanzaron a realizar operaciones por 58 millones de papeles. Un claro indicador de que las cosas no andan bien lo dio el índice de competitividad con el país cayendo del puesto 52 al 55 durante el último año (hoy, seguramente, peor).




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