Un interesante informe elaborado por Stephen Roach, economista jefe de Morgan Stanley, analiza de una manera estilizada y conceptual el proceso de transformación de la economía mundial operado en los últimos 25 años. Uno de los principales hitos, la tan renombrada globalización, puede sintetizarse con una cifra: en 1982, el comercio mundial era 18% del PBI global, mientras que el mismo ratio para 2007 alcanza 32%. Este fenómeno innegable tiene dos caras. Por un lado, durante ese período los países en desarrollo duplicaron su PBI. Pero al mismo tiempo, la distribución del ingreso empeoró significativamente en el mundo, en especial en naciones en vías de desarrollo.
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La Argentina necesita desesperadamente seguir creciendo en forma sistemática, y además metódica. La volatilidad extrema no es saludable para la economía. Incluso las presiones inflacionarias podrían desactivarse en la medida en que la ofertase incrementara significativamente, a partir de un sólido aumento de la inversión.
Partiendo de la base que la globalización no sólo es dato sino una realidad de la que la Argentina -un país con un mercado de 37 millones de personas puede tomar ventajas, sería importante definir una estrategia de crecimiento en función a esa realidad.
Ahora bien, imprescindible abordar con premura ciertos temas, dado que condicionan cualquier estrategia a seguir. Cuestiones relegadas por el desinterés, la ideología, la indiferencia o la insensibilidad. Estos temas condicionan el crecimiento, y a veces están ligados a algunos mitos.
1- El clima de inversión
Mito desinteresado: «¿A quién le importa el clima de inversión? Cuando el negocio es bueno, lo que sobra es plata...».
El clima de inversión puede ser definido como el conjunto de condiciones que permiten generar y crecer a las inversiones y empresas privadas. El futuro de la economía y el bienestar de la mayoría de sus habitantes dependerán de cuán propicio sea el ambiente para la radicación y aumento de inversiones, locales y extranjeras. Del clima de inversión dependen también la productividad y competitividad del sector privado. Esta definición que pareciera conceptual tiene una clara expresión cuantitativa. Cuanto peor es el clima de inversión, mayores son los costos de transacción en una economía, y por ende menor es la rentabilidad esperada.
Siempre es bueno recordar que la cantidad y la calidad de las inversiones que fluyen a una economía dependen de los retornos potenciales esperados y de los riesgos a enfrentar. El flujo de fondos descontados, herramienta esencial para cualquier toma de decisiones, no es más que eso. El numerador refleja los retornos posibles, y el denominador (tasa de descuento) encierra el nivel de riesgo. A mayor riesgo, mayor tasa, y menos interesante resulta la inversión.
2- El financiamiento (mercado de capitales y sector financiero)
Mito ideológico: «La patria financiera debe ser erradicada», «hay que impulsar la producción, no los bancos».
El crecimiento de la economía real a partir del aumento de la productividad en el mundo desarrollado no hubiera sido posible si el sector financiero y el mercado de capitales no hubiesen financiado la expansión. Cualquiera sea el estadio de la vida de una empresa, requerirá de financiamiento de terceros para expandirse significativamente («las familias ahorran, las empresas invierten», se explica en una de las primeras lecciones de economía). Cuanto más joven sea la empresa, más capital requerirá en su mix de financiamiento. Y lo que es importante señalar, el financiamiento debe adecuarse a la estrategia. Si queremos desarrollar diferenciación, marcas o intangibles, no puede existir sólo un financiamiento basado en garantías reales o hipotecas de inmuebles. Resulta indispensable que tanto el sector financiero como el mercado de capitales se vuelquen a la economía, y financien las inversiones a costos cada vez menores.
Cuanto mayor sea la oferta de financiamiento, menor será su costo.
3- El cambio climático
Mito indiferente: «Esto ocurrirá en 100 años, cuando estemos bajo tierra».
Informes elaborados por investigadores del Conicet revelan que el promedio de lluvias en la zona pampeana creció 35% en los últimos 50 años, la temperatura en la Patagonia está aumentando (48 de los 50 glaciares están retrocediendo), y los caudales de los ríos de Cuyo están disminuyendo. Por otra parte, en el norte del país las temperaturas serán aun más elevadas (en 2100 alcanzarán 5 grados más que ahora). Si las exportaciones del complejo agroindustrial alcanzan 32% de las totales, no se puede menos que tener claro el impacto del cambio climático en los regímenes de lluvias, en la productividad de la tierra y en la biodiversidad. Y, desde luego, se debe analizar la forma de mitigar este impacto.
4- La distribución del ingreso
Mito insensible: «Los pobres a veces son más felices que los ricos».
Para revertir la regresividad en la distribución del ingreso, el gasto público debe focalizarse en los más pobres. Es inconcebible que en un país con la dotación de recursos de la Argentina, 11,2% de los habitantes siga bajo la línea de indigencia. Resulta inaceptable el estado de los hospitales públicos (recordemos que en el Hospital de Clínicas un bebé recién nacido fue lastimado por azulejos que cayeron de la pared). Centros de salud que fueron modelo cuatro o cinco décadas atrás, como el Posadas o el Pena, hoy se encuentran en situación de completo deterioro. Los datos y estadísticas sobre el sector de la salud abundan, pero ninguna cifra es tan contundente como recorrer los nosocomios por dentro. La evidencia abrumadora es que las partidas presupuestarias nunca llegaron allí. En cuanto a la educación, ¿puede existir movilidad social cuando los niños más carenciados, debido a huelgas docentes, problemas sindicales o condiciones climáticas adversas no acceden a la misma educación que quienes tuvieron la fortuna de nacer en hogares con mayores recursos? No nos sorprendamos entonces por la regresividad en la distribución del ingreso,o por el aumento de la delincuencia. La escuela bien entendida no sólo informa, también forma.
Para concluir, siempre pareció curiosa la diferencia idiomática entre el mundo angloparlante y el hispano. Los ingleses, para referirse al día posterior al mañana dicen «after tomorrow». Nosotros, pasado mañana. ¿Acaso se instala desde el idioma la sistemática vuelta al pasado después del futuro? Estos temas hacen a la construcción del porvenir. Vale la pena ocuparse de ellos antes que el mañana sea pasado y ya no tenga sentido preocuparse.
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