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Ahora, en términos de dólar, cuando un exportador brasileño o argentino debe cotizar la venta de un mismo producto el valor sería similar. O sea, que cualquier diferencia tendría que responder más a una estrategia comercial, que podría ser transitoria para ganar mayor porción de mercado, o canalizar excedentes de producción (ante la caída de la demanda interna), o bien incursionar en el mercado del país vecino.
La última vez que el peso y el real estuvieron uno a uno fue a mediados de enero pasado.
A partir de ahí, la fuerte y sostenida caída del dólar en Brasil, desde un nivel cercano a los 3,7 reales, mientras el peso se apreciaba también pero a un menor ritmo hicieron que a lo largo del primer trimestre del año el real ganara competitividad frente a la divisa argentina.
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