De todas maneras, el especialista en mercados y macroeconomía sostiene que el Gobierno dispone de otros recursos para afrontar los vencimientos de deuda de 2027, por lo que “tampoco está tan urgido” de regresar al mercado internacional de crédito. En ese sentido, considera que los compromisos del próximo año, estimados en u$s21.400 millones -según la consultora 1816-, son financiables mediante otros mecanismos. A continuación, la entrevista completa en Ámbito.
Periodista: ¿Qué balance hace de esta última semana para los mercados, a nivel internacional, pero puntualmente a nivel local?
Martín Polo: Una semana sumamente complicada. No solo por el contexto global, sino porque es el segundo golpe consecutivo. Primero tuvimos el golpe de Brasil y a la otra semana tuvimos el golpe de Estados Unidos. Todas las noticias están viniendo del lado opuesto a lo que el mercado esperaba. Se esperaba que si ganaba Bolsonaro, Argentina iba a seguir el mismo camino. Le daba un ambiente más de derecha a la región; en ese contexto, Milei un poquito más líder. Fue un duro golpe.
El segundo golpe es lo que pasó con Trump. Si bien se esperaba que fuera a tener un mal resultado, su contundencia lo dejó mucho más debilitado y con un Congreso que vamos a ver hacia dónde va. No va a haber un impeachment, no va a haber un shock político, pero sí le genera ciertas dudas al mercado: qué va a pasar con la regulación de la IA, qué va a pasar con los centros de datos. La primera reacción del mercado es la incertidumbre.
¿Y por qué le pega a Argentina? Porque cuando el inversor ve que el mundo está incierto, no va a arriesgar en los emergentes de la cola. No es una cuestión tanto de fundamentos, sino de flujo. Si estás preocupado por lo que puede pasar con Nvidia, con Anthropic, menos le vas a jugar una ficha a Argentina.
A nivel local, creo que lo que más está leyendo el mercado no es tanto que los fundamentos estén mal. No tuviste una mala noticia en cuanto al equilibrio fiscal ni en cuanto a las cuentas externas; de hecho, el Banco Central sigue comprando y superó las expectativas. Lo que empieza a dudar es la velocidad con que viene esta economía: una economía que está, en el mejor de los casos, estancada y, con los últimos datos, en recesión, en un contexto en que la inflación baja muy lentamente o directamente no baja. La inflación de octubre va a dar más cerca de 2% que de 1,5%.
Todo eso hace que las proyecciones se corrijan a la baja, y muy violentamente. El consenso esperaba que en el tercer trimestre la economía fuera a rebotar, y no solo no pasó eso, sino que cayó y seguramente profundice la caída. Que la inflación no baje y la economía no crezca abre dos riesgos: erosionar las posibilidades de reelección del Gobierno, y si el tipo de cambio en estos niveles te genera perspectivas de un tipo de cambio muy atrasado, que el año que viene te complique. Si este año, que tenía que ser para acumular en el chanchito, no lo hiciste, el año que viene estás con las manos más atadas. Es un mercado herido por lo que pasa a nivel global y herido por una economía que no está traccionando. Con esto no te digo que la oposición pueda ganar; lo que ve el inversor es que no llega, o por lo menos duda, y ante la duda, con un mundo revoloteando, espera. Se va a la tribuna.
P.: Hay quienes plantean que 900 puntos de riesgo país para una economía como la argentina, basándose en sus fundamentals, es exagerado, y que lo que se está mirando es cómo se adelantó la etapa electoral. ¿Usted coincide o considera que es un nivel que corresponde a la situación de la Argentina?
M.P.: No hay que pelearse con el mercado. Si hay personas que creen que está exagerado, que compren, y si hay personas que creen que se quedó corto, que sigan vendiendo. El mercado habla. Para mí es más una cuestión de flujos que de fundamentals, y obviamente el riesgo electoral pega. Que los bonos después de 2028 valgan mucho menos que los que vencen en 2027 también habla de incertidumbre.
Si vos me preguntabas hace 15 días si el riesgo país a 750 puntos me parecía alto, te hubiera dicho que sí porque creía que las noticias iban a ser positivas, pensaba que la actividad iba a repuntar un poquito más rápido, que la inflación iba a bajar un poquito más rápido, y no pasó. Los últimos datos nos muestran que la economía en agosto, después de la fuerte caída de julio, fue muy amarreta.
Y también porque el gobierno pone la vara muy alta y después tiene que salir a responder por qué eso que anuncia no pasa. Si el gobierno dice “tengo una bazuca para contener la demanda de dólares el año que viene”, y hacés los números y no es tan bazuca la que tenés, ahí pierde un poco de valor la confianza. El mercado está esperando resultados.
Para que la economía crezca no es que desatás un nudo y ya está: tenés que tener estabilidad cambiaria, que la inflación baje, que los salarios se recuperen. Hoy tenés los motores de crecimiento apagados, o por lo menos muy heterogéneos. Y ahí hay un doble click: los sectores que peor andan son los más intensivos en trabajo, y están en los grandes centros urbanos, que es donde la oposición tiene más chances. En ese sentido, se la estás dejando en bandeja a la oposición.
P.: ¿Por qué las actividades que demandan más empleo no arrancan y la inflación no baja al ritmo que se esperaba?
M.P.: Vamos un poquito más atrás. La inversión hace cinco trimestres que no crece. Evidentemente tenés una falta de confianza, o por lo menos el que tiene que poner su capital está dudando de la estabilidad; el crédito quizás todavía es muy caro. Por el lado de la demanda, la inversión no tracciona y el consumo está flojo porque los salarios perdieron contra la inflación. Vos no vas a poner un negocio viendo que la demanda no tracciona.
Por otro lado, podés tener temas de competitividad: el tipo de cambio, para algunas actividades, evidentemente las está complicando, no les dan los números e incluso prefieren llevar la producción a otros países. Argentina tiene ese problema, lo que pasa es que Vaca Muerta lo oculta un poco, porque tenés muy buenas cantidades y precios que volaron. Son sectores muy específicos, y el resto la vienen piloteando porque la demanda interna está muy débil.
La reforma laboral, que se esperaba que dinamice el empleo, no lo está haciendo. También tenés un problema de productividad, una reestructuración de las mismas empresas, un nuevo modelo de negocios: es una transición de modelo. La economía no está en un tobogán, pero tampoco está en un cohete. Es un plan de estabilización al que mucho más no se le puede pedir.
P.: El ministro Federico Sturzenegger dedicó media hora en el Foro ABECEB a explicar por qué no llega la inversión si la economía crece. Dijo que las reformas estructurales llevaban tiempo, y que el empresario debe acumular capital. A su vez, el viceministro José Luis Daza pidió paciencia. ¿Hay que darle tiempo a este modelo para que obtenga resultados o hay un problema estrictamente en el modelo?
M.P.: Ojalá que haya que esperar; uno siempre tiene el beneficio de la duda. Pero el gobierno fue el que puso la vara alta de que este año se iba a crecer mucho. El mercado empezó esperando un crecimiento del 3,5%, el gobierno decía que eran amarretes, que era 4%-4,5%, y ahora va a dar 0,5%. Si el modelo funciona, si Vaca Muerta verdaderamente derrama, a mí me parece que va a llevar mucho más tiempo del que se espera.
Para mí, lo que le falló al Gobierno es que se jugó un pleno a que la inflación baje rápido, y eso es lo que no pasó. La inflación de este año no baja, vas a terminar de nuevo arriba del 30%. Ese es el gran tema para un modelo en el que todo apuntó a bajar la inflación con equilibrio fiscal, desregulación, apertura económica. Se hizo el ajuste fiscal, se hizo el apretón monetario, pero la inflación no bajó tan rápido. Como no bajó tan rápido, el salario perdió poder de compra; al mismo tiempo, las tasas de interés volaron, la morosidad voló, el sistema financiero está traccionando muy poco, y todas esas cosas hacen que la economía no crezca.
Si el año que viene el gobierno logra que la inflación empiece con cero, va a ser mucho más fácil que la economía crezca, porque te ordena. El año pasado las empresas hacían presupuesto pensando que la inflación iba a ir al 20% si escuchaban al gobierno, al 10% y va al 33%. Para el año que viene se espera 25% ¿Y el tipo de cambio cuánto va a estar? El mercado espera 30%; ¿y qué pasa si va a 5%, como ahora? Mis costos en dólares subieron un montón, y con estos costos no puedo salir a invertir.
P.: El dólar no sufrió esta semana la volatilidad que sí se vio en los títulos argentinos, quedó bastante quieto. ¿A qué se debe?
M.P.: A que tenés muchos dólares que te entran por la cuenta corriente, porque tenés un superávit comercial muy elevado, que tiene tres patas. Primero, la pata energética: una combinación de precios exorbitantes y muy buenas cantidades. Después, el agro: este año tuvo una cosecha relativamente buena, pero muy buenos precios. Y las exportaciones mineras, salvo litio, te vuelan, pero todo por precio. El otro componente es que el estancamiento del nivel de actividad también te frena las importaciones.
Pero ojo, que parte de esos dólares después se van con la dolarización de carteras, y los que no dolarizan salen a cubrirse con títulos ajustables. Se exportan 100, los liquidás, el Banco Central compra 100, pero después el exportador, con esos $1.500, va y compra un título ajustable por tipo de cambio. Hay estabilidad cambiaria, sí, pero hay mucha cobertura detrás de eso. No es que hay plena confianza en el peso, porque si no tendrías que ver que los depósitos aumentan. Y como no aumentan los depósitos y no sale el crédito, va a tardar mucho más en volar.
Es una buena noticia que el Banco Central siga comprando, porque es el antídoto que tiene el Gobierno para seducir al mercado hoy en día. No lo puede seducir con la actividad, no lo puede seducir con la baja de la inflación, no lo puede seducir con que está muy bien en las encuestas. Quizás en octubre eso me cacheteó, porque compró 1300 millones de dólares y el riesgo país subió igual. Pero hay que seguir regando esa plantita de comprar dólares, para que el Banco Central acumule poder de fuego y que el inversor el año que viene esté tranquilo.
P.: Cuando se plantea que Milei pierde chances de ser competitivo electoralmente, ¿lo que está interpretando el mercado es que podría llegar al poder una fuerza opositora que genere mayor incertidumbre respecto del pago de la deuda?
M.P.: Sí, te genera incertidumbre. ¿Qué cuenta hace el mercado? ¿Cuánto sería el riesgo país con el peronismo? Ponele 1500, 2000. ¿Cuánto sería con Milei? 300. Ponderan las probabilidades y te sacan el número. Cayó la probabilidad de que Milei sea reelecto: esa cuenta hace. ¿Cuál es la función de probabilidad de eso? Para mí, hoy por hoy, el nivel de actividad. Lo mismo si la inflación se le escapa, porque caen los salarios reales y la actividad va a caer. Por eso el Gobierno ahora pide paciencia y vuelve a hablar de los brotes verdes. Ahí se va a jugar el partido.
P.: Tras las elecciones de medio término en EEUU, la asistencia financiera estadounidense se pone en duda, porque el costo político para Trump podría ser aún mayor. Si eventualmente no se contara con ese recurso, ¿cómo definiría la bazuca del Gobierno para 2027?
M.P.: Con reservas internacionales. Lo peor que le podría pasar a Argentina el año que viene es tener que volver a acudir a la ayuda de Estados Unidos. Eso va a marcar que la pifiaron. Argentina tiene que llegar sin usar esa ventana de financiamiento, ni los swaps de China, ni nada: tiene que usar el mecanismo tradicional de refinanciar la deuda. El mercado se confió en que en octubre pasado, en el último minuto, te salvó: si las papas queman, tenés un prestamista de última instancia. Lo mejor es que Argentina trate de independizarse de esos financiamientos heterodoxos y logre financiamiento genuino. Tiene que acumular reservas, seguir bajando el riesgo país, ir sacando algunas restricciones cambiarias que evidentemente a los inversores no les gustan y, en el mejor de los casos, poder salir al mercado.
P.: No haber salido al mercado cuando el riesgo país estaba en torno a los 500 puntos, ¿fue una decisión prudente o una oportunidad perdida?
M.P.: Con el diario del lunes te digo que fue una oportunidad perdida. No era solamente salir al mercado, sino salir y seguir normalizando las restricciones; era todo un combo. Pero el gobierno consideró que estaba tan dotado de dólares en el primer semestre que lo vio innecesario. De todas maneras, hoy el gobierno tampoco está tan urgido, porque lo que vence el año que viene, entre las reservas y algún financiamiento de programas internacionales, es financiable. No tenés un paredón de vencimientos. Si hubiese tenido esa ventana abierta y hubiese acelerado un poco la normalización del mercado de cambios, hubiese estado un poquito más holgado. Ahora tenés que ir con todo a las reservas internacionales y al Fondo.
P.: Si el programa financiero para el año entrante es relativamente robusto, la duda entonces es a largo plazo…
M.P.: Sí, el inversor no mira solamente los bonos de 2027, también mira los de 2028, 2030, 2036. El horizonte es más amplio.
P.: Al revisar la preocupación que genera en el mercado la posibilidad de que la asistencia financiera estadounidense esté más condicionada en 2027, ¿cómo cree que Milei mantiene la relación bilateral con Estados Unidos? ¿Con el país o con el presidente Trump?
M.P.: Yo creo que Argentina y EEUU se necesitan, y que va más allá de los nombres propios. Con Trump o con los demócratas, América Latina en el último tiempo ganó ponderación en este esquema geopolítico. Tiene las cosas que EEUU necesita, a diferencia de otros períodos históricos. El mundo de la inteligencia artificial va a seguir, y la tensión con China va a continuar, esté Trump o gobierne después algún demócrata. Milei en su política exterior es muy claro en cuanto al alineamiento; no es tibio. Ahora, de la boca para fuera, porque después con China seguimos comerciando. La relación va a ir más allá de Milei y Trump, por una cuestión más estratégica de este nuevo contexto global.
P.: La victoria demócrata en el Congreso de EEUU, ¿puede generar un contexto favorable para los países emergentes?
M.P.: Como pasó el miércoles, el mercado ahora cree que no le van a permitir aumento de gasto a Trump. Entonces vas a tener un menor déficit fiscal, los aranceles vuelven para atrás, y todo eso permite que la tasa de interés baje, que el dólar se debilite, y si el dólar se debilita y las tasas bajan, los commodities suben, y eso es una buena noticia.
Sin embargo, creo que en estos dos años EEUU va a seguir teniendo déficit fiscal alto; quizás eso te ponga un piso más alto a los rendimientos de los bonos del Tesoro y al dólar. Hoy por hoy no creo que cambie el escenario rotundamente para América Latina. Es bueno que los bonos del Tesoro hayan bajado, pero empezaron a caer incluso antes de que pierda Trump. Lo que sí puede generar es cierta rotación entre activos: que alguno salga de las acciones de petroleras tradicionales y vuelva a las energías limpias, porque vuelve la agenda. Pero el mercado genera modas, y todavía no tenés un líder demócrata del que digas “van por este lado”.