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La embajada en Berlín tiene su historia. Por los años treinta, una familia con campo en Monte (los Staudt), agradecida por sus negocios en el país, le donó al Gobierno una espléndida residencia en el barrio Tiergarten de Berlín, quizás el más privilegiado y cotizado, entonces y ahora.
Vino la Segunda Guerra, la Argentina trasladó su embajada a Bonn y la residencia fue destruida por los bombardeos. Con la reunificación, Alemania le hizo una oferta al país: le cambiaba el vacío, pero calificado terreno original por otra residencia a elección, más una suma de 800 mil dólares. El entonces embajador Keller Sarmiento eligió una soberbia casa entre unas 50 que observó, la misma que había sido domicilio del comandante norteamericano luego de la guerra (700 metros cuadrados cubiertos, más 3 mil de parque), reacondicionada, en perfectas condiciones. Fue Carlos Menem quien inauguró esta embajada, en mayo del '97, la primera de un país de América latina que volvía a Berlín.
Nueva residencia y 800 mil dólares depositados en dos cuentas permitieron imaginar algunos cambios. Por ejemplo, desprenderse de las oficinas en Bonn y adquirir otras de mejor calidad. No se pudo hacer esa operación porque bajó el valor inmobiliario en Bonn y se optó por una prudente espera mientras, el dinero se incrementaba a 3,5% anual. Llegó el default, la negación a cualquier arreglo o promesa de pago, se iniciaron los juicios. Atenta, la Cancillería instruyó al embajador Enrique Candiotti para evitar cualquier tipo de congelamiento judicial, sea con el dinero o con material importante instalado en la casa (hasta se pensó en trasladar la caja fuerte vía Suiza).
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