Aunque aseguran que eran previsibles, a los empresarios les preocupa tanto la suba de la inflación en el último año como la avanzada de conflictos gremiales que en muchos casos, como el de los camioneros, perjudican las actividades industriales y comerciales. El presidente de Atanor, Miguel Angel González, dijo ayer durante la inauguración de una planta de agua oxigenada en Río Tercero (ver página 8) que «la inflación era esperable», y que no es más que la consecuencia del fuerte crecimiento que experimenta la Argentina desde que comenzó a salir de la crisis. El empresario aseguró que no evalúa como preocupanteque la suba de precios llegue a los dos dígitos este año porque con la economía creciendo a los niveles actuales se absorbe la inflación. Coincidió con él Roberto Urquía, senador del PJ y uno de los cuatro miembros de la familia dueña de la empresa Aceitera General Deheza (poseen 85% del paquete accionario).
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Cuando este diario le preguntó sobre la evolución de los precios, aseguró que «es un tema que realmente nos preocupa aunque creemos que se trata de una situación de corto plazo. Lo preocupante es que impacta en los alimentos y por lo tanto lo terminan sufriendo los más pobres». Urquía dice que en el caso del aceite las subas más importantes ya se dieron apenas el país salió de la crisis.
«No creo que haya nuevas subas. Además, la cosecha norteamericana de soja viene muy fuerte, saldrán a vender con todo y eso plancha el precio en la Argentina», afirmó.
En su opinión, «este país siempre necesita un poco de inflación y un dólar un poco alto. Creo que la apreciación del real que hizo Brasil va a terminar perjudicándolos». Sobre los conflictos gremiales, González aseguró que en algunos sectores, impactan fuertemente en las actividades.
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