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16 de noviembre 2006 - 00:00

"Medio país pudo haberse quedado sin gas ni luz"

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Julio De Vido
«Medio país pudo haberse quedado sin gas y sin luz, si no hubiéramos puesto en marcha un plan de emergencia a primeras horas de la madrugada», aseguró ayer un ministro del gabinete nacional para dar medida de la gravedad de la crisis que se insinuó al comenzar la jornada de ayer cuando el paro de los petroleros cortó todo el suministro de gas de Neuquén.

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Quedaron fuera del sistema entre 54 y 60 millones de metros cúbicos de gas, la mitad de lo que se consume en esta época del año cuando la temperatura ronda el promedio habitual del mes (unos 115 millones).

Los yacimientos afectados fueron Loma de La Lata, el más importante del país, y El Portón, operados por Repsol-YPF, y Aguada Pichana y Aguada San Roque a cargo de Total Austral.

No había hasta ahora antecedentes de un corte tan drástico de la producción, y tampoco los conflictos planteados por los trabajadores neuquinos habían llegado al punto de poner en peligro el suministro de gas y luz en todo el país.

En cambio, en Santa Cruz y en el golfo de San Jorge, las medidas de fuerza fueron en los últimos años más prolongadas e incluso violentas.

En esta oportunidad, hay indicios de que ocurrió lo contrario: la producción de petróleo y gas se mantuvo en las otras provincias patagónicas, y en cambio quedó afectado todo el flujo neuquino.

En el resto de la Patagonia, hubo asambleas en las rutas y se pararon las obras, pero se siguió extrayendo petróleo y gas, para lo cual sólo se requiere poco personal y muy especializado.

Se afirma que si el paro continuara, el retraso en perforaciones podría terminar notándose dentro de unas semanas.

Cuando el ministro Julio De Vido fue alertado por Repsol-YPF de la situación en Loma de La Lata, la primera decisión que se tomó fue avisar a Chile que se cortaría totalmente el abastecimiento de gas, lo cual también fue un hecho inédito. Esto se debió a que los gasoductos trasandinos Gas Andes y Gas del Pacífico llegan a Santiago y a la parte central de Chile con gas neuquino.

  • Tranquilidad

    Según las agencias internacionales, el gobierno trasandino reaccionó con tranquilidad y aplicó un plan de contingencias que ya tenía armado aparentemente desde junio (ver aparte). Por ese programa se interrumpió el suministro a todas las industrias y se garantizó que habrá gas para los hogares en Santiago por unos cuatro días, aprovechando para ese único destino las reservas que quedan en los ductos.

    La celeridad de respuesta del gobierno local permitió avisar a las centrales térmicas que funcionan a gas para que pasaran a operar con combustible líquido, para lo cual ayudó la existencia de reservas de gasoil y fueloil en las usinas. También fue favorable la baja de temperatura con respecto al martes que permitió al sistema eléctrico operar menos exigido.

    Se afirma que a primera hora de la mañana, las oficinas comerciales de las petroleras, y de las transportadoras y las distribuidoras de gas avisaron a las industrias con servicio interrumpible que se les iba a cortar el suministro, lo que habría permitido a la mayoría pasar a funcionar con combustible sustituto, sin parar la producción.

    Lo que ocurre es que cuando baja a la mitad la inyección de gas a gasoductos, baja la presión con que circula el fluido, con lo cual todos podrían seguir recibiendo gas con menos fuerza (y eventualmente hasta que se acabe). Al interrumpir las exportaciones a Chile (unos 18 millones de metros cúbicos) y a industrias y centrales térmicas, no hubo problemas de presión para los hogares y el GNC, de modo que el tema se acotó y no causó alarma.

    A las 14 horas de ayer, al firmarse la conciliación obligatoria, se comenzó de a poco a inyectar gas en los gasoductos, y a media tarde ya se estaban suministrando 15 millones de metros cúbicos. No obstante, la normalización demorará entre 48 y 72 horas, período durante el cual continuarán cortadas las ventas a Chile y se irá reingresando gradualmente al sistema a la industria con servicio interrumpible.
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