Hugo Moyano visitó a Felisa Miceli, quien se negó a todos los pedidos de la CGT. La suba en el mínimo no imponible de Ganancias quedó como caso de estudio, igual que la reforma en el régimen de riesgos del trabajo. La ministra -¿se convertirá para los sindicalistas en una versión de «la Piba», como la llamaban a Patricia Bullrich?- no habló de aumentos a jubilados y apenas se inquietó por los reproches al trabajo en negro. ¿Aumento del salario mínimo, vital y móvil? Ni se tocó el tema.
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Del otro lado, en la antesala, Hugo Moyano y una parte del consejo directivo de la CGT llegaron a una reunión cuyo objetivo no conocían del todo. Quedaron en ayunas también al salir del lugar: con buenos modales, la ministra le dijo que no a todo lo que reclamaron. Eso sí, prometió estudiar punto por punto. En esto también imitó a Kirchner, quien se mostró igualmente restrictivo cuando los mismos jerarcas sindicales lo visitaron en la Casa Rosada para demandar ante él y Alberto Fernández.
Los motivos para pedir son siempre los mismos. Como en tiempos de Saúl Ubaldini, cuando recorrían los despachos del alfonsinismo con sus «26 puntos», ahora los gremialistas golpean en todas las puertas con una lista más modesta: apenas 5 cuestiones.
Comenzaron por la más simpática, al menos para ellos: le solicitaron a Miceli que se eleve el mínimo no imponible para pagar Ganancias. Es un reclamo inconsistente, ya que los diputados de la CGT votaron en contra de esa medida en el Congreso, cuando se discutió el Presupuesto.La ministra no fue hostily omitió esa incongruencia que, dicho sea de paso, fue un tributo de Moyano al gobierno a costa de sus propios representados. Claro, tampoco quedaba bien agradecer. Por eso todo quedó en una declaración de buenas intenciones. Miceli dijo que compartía el criterio de reducir la carga tributaria sobre los que ganan sueldos de $ 1.800. Pero también consignó que el Presupuesto del año próximo fue elaborado tomando en cuenta los ingresos derivadosdel Impuesto a las Ganancias tal cual rige ahora. En consecuencia, «habrá que seguir estudiando» recomendó la economista, como quien manda a un alumno a marzo.
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