Curiosamente, Suecia fue el primer país que Fernando de la Rúa visitó cuando por primera vez salió de la Argentina como presidente. Incluso en aquella oportunidad (fines de enero de 2000), ante cientos de empresarios suecos, De la Rúa les dijo que la Argentina quería parecerse a ese país.
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Pero si en sus dos años de gobierno en algo se logró copiar a Suecia, no fue justamente en el éxito sino en la crisis que sufrió este país entre 1991 y 1993, cuando el PBI cayó 5%, el desempleo superó a 8% (un nivel alto para un país que registraba tasas de 1% o 2%) y el déficit fiscal trepó a 12% de su PBI.
Se trató de la crisis más seria que esta economía viviera desde la gran depresión en 1930 y que llevaba sus niveles de endeudamiento a cifras impagables. Y los mercados financieros también reaccionaron castigando con fuertes tasas de interés que debilitaban su moneda y el sector productivo.
Por estos días, la crisis que por entonces vivió Suecia se suele asemejar a la que vive la Argentina hoy (ver aparte), donde el desempleo estaría superando 16%, el PBI no crece desde mediados de 1998, el déficit fiscal creciente cada año mantiene latente el fantasma de la cesación de pagos y las tasas de interés se mantienen en niveles de dos dígitos incrementando el peso de la deuda.
Incluso en las medidas implementadas para salir de la crisis, la situación resulta parecida: en 1994 el gobierno socialdemócrata asumió el poder en el país europeo y presentó un programa de cuatro años con medidas para sanear las finanzas del Estado. En 1995 se combinaron dos políticas fiscales, contractivas, tendientes a mejorar las cuentas del Estado: se redujo el gasto público y se aumentaron impuestos. Ambas medidas actuaron en forma de shock y significaron para Suecia un ahorro adicional muy rápido por u$s 14.800 millones, equivalente a 7,5% de su PBI. Para llevar a cabo este plan, se redujo tanto el consumo como las remuneraciones del Estado.
• Equilibrio y superávit
Así, en 1996 y 1997 Suecia consiguió el equilibrio fiscal, en 1998 tuvo un superávit de 2% de su PBI, una cifra similar registró en 1999 y el año pasado el superávit fue de 3,4% de su PBI. Estas medidas fueron acompañadas por reducciones en las tasas de interés y un crecimiento de la economía de 4% en 1994, 3,5% en 1995, 1% en 1996, 2% en 1997, 3,8% en 1998, 4,1% en 1999 y 3,5% el año pasado.
Pero comparar a la Argentina con Suecia, algo muy habitual desde las últimas medidas de ajuste lanzadas por el gobierno, sirve sólo a modo ilustrativo. Porque en economía las analogías no siempre salen bien y las variables sociales (culturales, políticas, ideológicas, etc.) que juegan todo el tiempo un factor primordial, impiden garantizar que ante los mismos síntomas las mismas soluciones funcionen en economías tan diferentes.
En este sentido, dos cosas se conjugaron en Suecia ayudando al éxito que no se da hoy en la Argentina: tras el fuerte crecimiento de la producción sueca de los últimos años está el gran crecimiento de las exportaciones, que representa actualmente 47 por ciento de su PBI (en la Argentina sólo 8 por ciento).
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