Una extraña convocatoria hubo anteanoche en el Luna Park. Propiciando la causa del gasto público -una bandera que no supone la tentación de multitudes-, Bernardo Neustadt reunió a más de 4 mil personas interesadas en la reducción del déficit. Bajo el lema «¿Quién se lleva mi plata?» -desviación del bestseller «¿Quién se llevó mi queso?»-, el periodista, que podría volver a la TV por un canal impensado, colocó en el estrado a media docena de oradores, en su mayoría técnicos, y algunos videos. Fue una sorpresa la concurrencia que se entusiasmó con Manuel Solanet, el economista que secundó a Ricardo López Murphy, y con Carlota Jackisch, encargada de la Fundación Adenauer especializada en denunciar el dispendio de los políticos en el poder. Hubo otros participantes, como los legisladores Silvia Vázquez y Osvaldo Cirnigliaro, el tucumano que renunció a cobrar los 12 mil pesos por mes de su banca porque no demandan rendición. También habló largamente Carola Pessino, ex funcionaria de Economía en tiempos de Carlos Menem. Al margen de las exposiciones sobre el gasto público, lo notable fue el interés popular que obtuvo una cuestión tan árida. Si hasta apareció en primera fila la actriz Andrea del Boca. «Soy un luchador que no está cansado; no me gustó nunca la resignación», afirmó el periodista contestando los aplausos de las personas presentes, entre las que se pudo ver, entre otros, al cantante José Angel Trelles, a la legisladora Marta Oyhanarte y al ex rector de la Facultad de Medicina de la UBA Luis Ferreyra.
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Antes de presentar a sus panelistas, a los que intercaló con testimonios en video (del economista Carlos Rodríguez Braun, desde España, y el libretista Aldo Camarotta desde Estados Unidos), Neustadt explicó que «con este gasto público y político el megacanje es inútil, no podemos reducir un chorro que no nos deja vivir». Luego definió a los presentes como «piqueteros del alma» e inició una de las constantes del acto, demostrar de forma contundente los enormes gastos del Estado. Neustadt, no sin sarcasmo, comentó lo que ganan los diputados nacionales provenientes de las provincias por «desarraigo» o lo que cobran por combustibles. El periodista comentó que en las encuestas, «9 de cada 10 argentinos quieren terminar con el gasto público, y el uno restante debe ser un político», provocando carcajadas. Terminó esa primera participación declarando que «estamos hartos de pagar, sin saber adónde va nuestra plata». El resto de los panelistas se dedicarían con cifras precisas a detallar la mala utilización de los dineros de la gente en los gastos públicos y políticos.
Otra constante, a pesar de algún grito excesivamente crítico, fue reiterar que «no es éste un acto contra las instituciones, ni contra la democracia, ni contra la política», sino, en palabras de Neustadt, «un reto para mejorar». La periodista Clara Mariño presentó luego un video donde un conjunto de políticos, entre ellos De la Rúa, Alvarez y Ruckauf, se había comprometido a bajar el gasto público.
Entre los telegramas de adhesión estuvieron los de los ministros Domingo Cavallo, aplaudido, y Ramón Mestre, que fue silbado. Neustadt pidió que no se silbara, que se guardaran las energías para llevar adelante esta propuesta.
• Comparación
El economista Manuel Solanet mostró cómo había crecido el gasto del aparato presidencial. Comparó datos sobre la cantidad de personas y gastos de Hipólito Yrigoyen, en 1920, como habían crecido en 1932 y el salto inconcebible alcanzado en la actualidad, con «una administración que da mal servicio a la sociedad, mala seguridad, mala salud y mala educación a pesar de los altos presupuestos». Comentó que «cuando propusimos una reforma a la educación para dar educación gratuita a los que no pueden pagar, tuvimos la oposición, sacaron los bancos a la calle estudiantes que pueden pagar su educación». Solanet señaló a «algunos de los que contribuyeron a echarnos», entre ellos los aparatos políticos provinciales, los que no quieren que haya una reforma del gasto político, y agregó que «en mi breve paso por la administración me di cuenta de que se puede y hay que alentar a las autoridades porque se puede, y no se trata de hacer recortes, sino de barajar y dar de nuevo. Es posible un Estado al servicio de los ciudadanos y ustedes, la opinión pública, están señalando lo que el país necesita; lograrlo está en todos nosotros».
En el acto hablaron, además, la concejala de San Miguel María Eugenia Nano, la profesora Liliana Moyano de Fosatti y el contador Ricardo Finochietto. Una de las personas más citadas fue Jorge Luis Borges, tanto cuando escribió que los argentinos no se identifican con su Estado y por tanto no tienen problemas en expoliarlo, como cuando una legisladora, para explicar las movilizaciones gremiales y políticas, aplicó lo que el gran escritor pensaba del teatro: «unas personas que fingen ser otras y otras que fingen creerles».
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