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¿Por qué suben los precios, entonces? Porque prevalece otra fuerza: el crecimiento relativo de la demanda global de bienes, servicios e insumos, especialmente los no transables internacionalmente, contrapartida de la mayor confianza. Nótese que incluso las exportaciones arrastran la demanda de insumos locales, antes menos solicitados. Entonces, muchos recursos que estaban desocupados están siendo requeridos, con mejores retribuciones. ¿A qué se debe este fenómeno? Para entenderlo, debemos repasar nuestro pasado reciente, recurriendo a la información del INDEC.
En este sentido, experimentos de laboratorio confirman la consistencia del equilibrio competitivo en mercados con sólo tres o cuatro oferentes, contrariando la teoría neoclásica, como expongo en el libro «La Riqueza de los Países y su Gente. Las tremendas asimetrías de ingresos», recientemente publicado. Esos experimentos le valieron el Premio Nobel a Vernon Smith, en 2002. Los supermercados y otras empresas no son más que mensajeros de una situación.
La devaluación de enero de 2002 altera dramáticamente el cuadro y la inflación muestra su horrible cara. Pero lo hace de modo harto desigual. Mientras los precios mayoristas casi copiaron el recorrido de la devaluación, 153% contra 200%, los precios al consumidor quedaron bien rezagados, apenas 68%.
Los salarios nominales evolucionaron como lo muestra el cuadro II. El poder adquisitivo de los salarios del personal registrado en el sector privado no sufrió pérdidas, si se los compara con el IPC. En cambio, el de los no registrados y los empleados del Estado se contrajeron en 26% al mes de agosto de 2005. Pero el alza de los precios mayoristas, a un ritmo doblemente más veloz, convirtió en inaccesible la canasta mayorista para todos los asalariados, cosa que no ocurría en 1996-2001.
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