Anoche miembros de las cámaras que agrupan a la industria del libro se reunieron con José María Farré, secretario de Ingresos Públicos, para tratar de encontrar una solución al polémico IVA de 10,5 que había planteado el diputado Raúl Baglini para aprobar la ley del libro. El funcionario les planteó un acuerdo multisectorial. «No hubo acuerdo, estamos en punto muerto», comentó a este diario Rogelio Fantasía, presidente de la Cámara Argentina del Libro. «Esta fue una conversación que no podía prosperar porque las leyes salen del Poder Legislativo y no del Ministerio de Economía.»
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Luego del rechazo nacional e internacional al IVA impuesto a los diarios, de los cuestionamientos al IVA a la TV por cable, ahora se suma a la polémica la posibilidad de que graven los libros con IVA de 10,5 por ciento. «En esas condiciones no podemos aceptar la prometida ley del libro», señalaron al anochecer del martes los miembros de la Cámara a los diputados en una reunión de las comisiones de Cultura, Presupuesto y Hacienda, Legislación Penal e Industria.
El «trámite de preferencia por tratamiento en comisiones» fue la forma elegida para acelerar la ley del libro, prometida por De la Rúa hace más de un año y por los funcionarios asistentes a la inauguración de la reciente Feria del Libro. Pero ayer el procedimiento comenzó a desacelerarse por un planteo del diputado radical Raúl Baglini, de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, y recién el martes próximo volverá a ser tratado en el mismo recinto, por tanto la ley del libro continuará demorada. Baglini propuso modificar el artículo 11 de la ley (proyecto de los justicialistas Pacho O'Donell y Carlos De la Rosa) que tiene media sanción del Senado, donde afirma que «la producción y comercialización de libros estará exenta de IVA en todas sus etapas» y «gravarlos con 10,5 por ciento, salvo los de carácter educativo, los que compre el Estado y los que elija la Comisión Asesora que fijará la nueva ley».
Ayer por la tarde un grupo de editores y libreros se concentraron frente al Congreso con las ya habituales pancartas de la Cámara Argentina del Libro: «Ley del libro una deuda pendiente», para cuestionar «la reforma Baglini».
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