Eduardo Duhalde, ayer en Tucumán, insistió en pedir apoyo político y se lanzó que no fue elegido «para ponerle una lápida al país». Aclaró que había sido para «ponerlo en pie». Ocurrente el Presidente, porque nadie lo había acusado de tamaña enormidad, cuando además no fue elegido sino designado por el Senado. El Presidente dijo que entregará el cargo en diciembre de 2003 y reclamó a la clase política que ponga «el patriotismo desinteresado» por encima de otros intereses y atacó a quienes se oponen a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. «Necesito que me colaboren, como lo hace el pueblo humilde, con un patriotismo desinteresado; es mi última misión en la política y necesito que el patriotismo se ponga por encima de todo otro interés», clamó el Presidente en su visita de tres horas y media a la provincia de Tucumán. Allí otorgó $ 220.000 en planes de trabajo a una cooperativa y presidió el acto de reapertura de la fábrica Alpargatas, en Aguilares, a 85 kilómetros de la capital tucumana.
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A Duhalde lo acompañaron Graciela Camaño; el titular de la ANSeS, Sergio Massa; y los senadores José Alperovich y Malvina Seguí, quienes fueron recibidos por el gobernador Julio Miranda y el intendente capitalino, Raúl Topa.
En su discurso, Duhalde advirtió que «la crisis no puede ser un negocio para subir el rating o para ganar plata» y que si así ocurre sólo se la potenciará y se terminará «afectando al pueblo que, de verdad, la sufre».
Insistió en atacar a los legisladores que no lo apoyan a los que acusó de tener «intereses mezquinos» porque consideró que se oponen a que la Argentina llegue a un acuerdo con el FMI y que el país «se inserte en el mundo y pueda exportar zapatillas, limones y azúcar». Dijo además que es «una ridiculez» la de quienes sostienen que la salida de la crisis pasa porque la Argentina se aparte del mundo.
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