Prácticamente nadie quería hablar sobre lo ocurrido en la última rueda.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
No porque 0,46% que perdió el Dow al cerrar en 8.804,84 puntos careciera de importancia sino porque lo de la semana lo superó con creces. Hay que retroceder prácticamente cuatro años (febrero/marzo de 1998) para ver una seguidilla de siete semanas consecutivas de mejora como la que acaba de marcar el Dow, merced a 2,63% que subió en las últimas cinco sesiones. Frente a esto la última rueda fue anormalmente tranquila, con el clásico gusto que dejan esos días que muchos definen como «toma de ganancia». Para poner las cosas algo más en perspectiva, desde el mínimo (intradiario) que marcó el NASDAQ el 10 de octubre último, ha trepado un impresionante 32,5% en tanto el Promedio Industrial subió 22,3%. Esto solo es lo que mueve a muchos a pensar que estamos ya en plena zona de toros (bull market). Pero la verdad es que poco importa lo que ocurrió, básicamente porque estamos entrando el período que media entre el «Día de Acción de Gracias» y la «Navidad», que según la mitología del mercado es tradicionalmente positivo. Lo cierto es que sin atrevernos a tanto, podemos señalar que desde 1987 el mercado trepó en la semana que sigue al tradicional holocausto de los pavos. Es fácil entender por qué: a pesar de que en los próximos días se deben difundir un cúmulo de informes sobre la situación macroeconómica (ventas de propiedades, PBI) y un viernes que sólo operará media rueda con cierto potencial para lo volátil; el ánimo de los inversores luce casi inmejorable. Tal vez éste sea el mayor contratiempo que podemos llegar a enfrentar: un exceso de confianza, que nunca es bueno. Informate más
Dejá tu comentario