Observaciones preliminares sobre la función del FMI en Argentina
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Deterioro del superávit fiscal de las provincias: el primer trimestre fue uno de los peores de los últimos 13 años
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El consumo masivo cayó en junio por sexto mes consecutivo y acumuló una baja de casi 3% en el primer semestre
Mucho agradecemos esta oportunidad que tenemos hoy de reunirnos con los representantes de los medios de comunicación, ya que nos permite explicar la evaluación que hemos realizado de la situación actual del país, dar nuestra opinión acerca del tipo de programa económico general que se necesita para que Argentina salga de este período de dificultades, y hacerles conocer la forma en que estamos trabajando con las autoridades para lograr que dicho programa se aprueba pronto.
Consideramos que son cuatro las bases fundamentales de un programa económico integral que permita comenzar a restaurar la confianza. Me referiré brevemente a algunos de los principales problemas que se plantean en estas áreas centrales.
• Tal vez lo más importantes sea la política fiscal. En nuestra opinión, la raíz de la crisis actual está en las fallas de la política fiscal. En términos sencillos, la estructura de las finanzas públicas de Argentina -y me refiero a los gobiernos provinciales así como al gobierno federal- ha incrementado el gasto a un nivel que ya no es posible financiar de manera ordenada. Tampoco es viable la opción de recurrir al financiamiento desordenado, como la emisión de bonos provinciales o el incumplimiento de los pagos de la deuda. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar que la situación actual derive en un aumento de la inflación lo que sin duda ocurrirá si el gobierno no puede restringir su gasto en función de las fuentes de financiamiento que tiene a su disposición. El actual Gobierno comparte esta opinión y está trabajando con denuedo para finalizar los detalles de un programa fiscal que evite caer en esa situación.
• Al mismo tiempo, dada la gravedad de la crisis, y su impacto sobre los pobres, hemos acordado con el gobierno que debe hacerse todo lo posible para fortalecer la red de protección de los pobres. Esto será esencial para proteger todo lo que sea posible a los sectores pobres durante el período que transcurra hasta que se pueda reanudarse el crecimiento. El Banco Mundial y el BID están llevando la delantera en la elaboración de programas específicos.
• Los esfuerzos en la esfera fiscal sólo tendrán éxito si también participan las provincias. El pacto celebrado recientemente es un primer paso en ese sentido, y estamos esperando ahora la celebración de acuerdos con cada una de las provincias para garantizar la plena aplicación de dicho pacto. Plena aplicación significa cumplir la meta fijada en el pacto de déficit, es decir, reducir el déficit de las provincias un 60% con respecto al registrado en 2001. También significa que las provincias abandonen efectivamente la práctica de emitir bonos que circulan como sustitutos del dinero, práctica que ha complicado la gestión económica, ha agravado el riesgo de inflación y ha socavado la confianza en la totalidad de la estructura financiera pública.
• La segunda base es una política monetaria sólida orientada a evitar que aumente la inflación. La experiencia de otros países muestra a las claras que, para cumplir esta tarea, el Banco Central debe limitar estrictamente el crecimiento de su propio crédito y establecer tasas de interés de referencia que permitan a los depositantes recibir tasa positivas en términos reales, es decir, que proporcionen un rendimiento positivo una ves descontada la inflación del período. El Banco Central está avanzado en este tarea, pero sólo podrá tener éxito si el déficit público se restringe según lo dicho antes. En otras palabras, ahora que el peso está flotando, es la política monetaria la que debe proporcionar el ancla. Un ancla de carácter más permanente sería la adopción de un régimen cabal de objetivos explícitos de inflación -como el adoptado por Brasil tras las dificultades por las que pasó en 1999-, y como el Banco Central está trabajando en estos momentos para crear las condiciones que permitan establecer lo antes posible un régimen de esa naturaleza.
• La tercera base debe ser una estrategia para restablecer la confianza en el sistema bancario. Sin un sistema bancario que funcione bien, será muy difícil revitalizar el crecimiento en Argentina. Es todas partes oímos resentimiento contra el "corralito". Con un marco sólido de medidas macroeconómicas basadas en los elementos que acabamos de resumir, debería volver la confianza, creándose las condiciones que permitan levantar de manera paulatina y ordenada las restricciones a los depósitos. Otro problema conexo es la recapitalización del sistema bancario, que ha sufrido grandes pérdidas como consecuencia de las tenencias de instrumentos de deuda pública y de la pesificación asimétrica de los activos y pasivos en moneda extranjera. El Gobierno ha puesto en marcha el proceso de adopción de una estrategia clara para abordar estas dificultades, proponiendo el uso de sus propios recursos -mediante la emisión de un bono de compensación- para recapitalizar los bancos. El siguiente paso consiste en crear incentivos adecuados para captar nuevos recursos de accionistas privados, tanto nacionales como extranjeros.
• Otra de las bases principales del programa es crear incentivos que restablezcan la confianza de los inversionistas extranjeros, estimulen la reestructuración de las empresas y resuelvan las dificultades de las empresas privatizadas de servicios públicos. Hemos escuchado las opiniones de los inversionistas internacionales y también hemos examinado de cerca las experiencias de otros países que han tratado con acreedores externos y colaborado para encontrar una solución a la crisis económica. Es por eso que no nos cabe duda de que la comunidad internacional -los mercados y los acree3dores privados- deben ser parte de la solución para revitalizar la inversión y el crecimiento en Argentina.
• En estas circunstancias, una de las necesidades críticas es que Argentina tenga un régimen internacionalmente reconocido en materia de quiebras. La ley vigente no lo establece, y no se podría esperar que la comunidad internacional respalde a Argentina sin la pronta adopción de un marco que equilibre debidamente lo intereses de los acreedores y los deudores. El Gobierno es plenamente consciente de esta necesidad y está trabajando con el Congreso en la reforma de la ley vigente. Al mismo tiempo, será crucial asegurarles a los inversionistas privados -nacionales y extranjeros- que recibirán un tratamiento equitativo en el proceso de liquidación de los créditos respecto de los cuales Argentina se encuentra ahora en incumplimiento. Se trata de una premisa fundamental de toda reestructuración de la deuda soberana y, sin la fiel aplicación de este principio, sería muy difícil ganarse la confianza y el respaldo de los inversionistas extranjeros. Asimismo, sería necesario emprender reformas de otras disposiciones jurídicas que inhiben la participación de la comunidad internacional, como la ley de subversión económica.
Estos son los principales ámbitos que formarán parte de un programa económico global que permita a Argentina salir de la crisis y sentar las bases para el crecimiento. Venimos trabajando muy estrechamente con el Gobierno para crear elementos específicos en estos y otros ámbitos. Confiamos en avanzar mucho más durante esta ronda de conversaciones. Después de esta visita, regresaremos a Washington y evaluaremos las posibilidades de financiamiento internacional que podrían existir para el programa. Mientras tanto, el Gobierno tendrá que ultimar los detalles del programa en todos los aspectos mencionados.
Si hay un avance satisfactorio, regresaremos para tratar de concluir la formulación de un programa que pueda recibir el respaldo de la comunidad internacional. Debería agregar que las demás instituciones financieras internacionales -el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo- también están trabajando muy de cerca con nosotros y con el Gobierno argentino. Esperamos poder avanzar así lo más rápido posible. Prefiero no ofrecerles por el momento un cronograma fijo para finalizar el programa, pero espero haber dado una idea de los pasos a seguir, la seriedad de nuestros esfuerzos conjuntos, los principales ámbitos en los que estamos concentrados, y nuestra firme voluntad de llevar este proceso a término lo antes posible.



