La industria argentina cumplió en marzo de 2002 su 45° mes consecutivo de depresión. No sólo la actividad manufacturera sufrió una violenta caída anual de 18,1%, sino que la encuesta mensual que preparada el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) mostró un piso en el pesimismo de los empresarios argentinos. Sin embargo, y en medio de un clima muy negativo, hubo dos indicadores levemente alentadores. Por un lado, reaccionó el optimismo de los sectores que potencialmente podrían exportar. Por otro, bajaron los niveles de stocks involuntarios; aunque en este caso tuvo que ver la posibilidad de adquirir vehículos con el dinero del «corralito».
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Según los datos anticipados del Estimador Mensual Industria (EMI) que ayer presentó el Ministerio de Economía, el mes pasado la variable retrocedió 18,1% contra marzo de 2001, un mes donde la caída de la industria ya comenzaba a profundizarse. El 18,1%, siempre en términos desestacionalizados, es además una de las bajas interanuales más pronunciadas de los 45 meses de depresión, junto con 18% de diciembre de 2001 y 18,5% de enero. Tampoco hay buenas noticias al comparar la situación de la industria en marzo de 2002 contra febrero del mismo año. En este caso, también sin estacionalidad, la situación fue negativa y mostró una caída de 3,1%. Tomando en cuenta la situación del primer trimestre del año la baja interanual resulta también la más importante de todo el ciclo recesivo, al caer 18,1%. En esta situación, la actividad manufacturera está en el peor nivel lejos desde que se comenzó a aplicar el EMI en 1994.
Sectorialmente hay casos patéticos. La industria automotriz bajó 50%, los textiles cayeron en un año 47,6%, la industria metalmecánica 47%, el tabaco 18%, los alimentos y bebidas 11,1%, el papel y cartón 9,9% y la refinación de petróleo 6,5%. La encuesta que junto con el EMI realiza el INDEC a los empresarios también es negativa, sobre todo por un aumento del pesimismo para los próximos meses para el mercado interno. Pero hay que decir que después de varios meses de caída libre en el pesimismo generalizado aparece algún síntoma de optimismo; fundamentalmente dentro de los rubros que pueden aumentar sus exportaciones luego de la salida de la convertibilidad.
A la pregunta sobre cómo evolucionará la demanda interna, 52,4% de los consultados prevé una caída, mientras que 45,2% no cree que haya cambios y sólo 2,4% anticipa una suba. En febrero de 2002, la relación era 30,6%, 56,5% y 12,9%. • Capacidad
Los empresarios también manifestaron un empeoramiento en cuanto al uso de la capacidad instalada para producir. En marzo, 61,9% dijo que continuará en el mismo nivel, 26,2% que bajará y 11,9% que subirá. El mes pasado la relación fue 67,6, 19,4 y 12,9%.
La salida de la convertibilidad resultó fatal para el nivel de importaciones, que continúa en baja. Según la encuesta del INDEC, 48,6% no espera cambios, 43,3% cree que bajarán y 8,1% espera un crecimiento. En febrero la relación fue 67,2, 24,6 y 8,2%. Hay que recordar que un año antes, en marzo de 2001, la relación fue 45, 23 y 32%.
• Exportaciones
Probablemente el mejor dato de los muy malos resultados de la industria en marzo se den cuando en la encuesta del INDEC se consulta a las empresas sobre si piensan exportar más en los próximos meses. En este caso la decisión de abandonar la convertibilidad comenzaría a influir en el humor de los empresarios, ya que 55,3% de los consultados espera un alza en los envíos al exterior, mientras que 36,8% no espera cambios y 7,9% cree que disminuirán. En febrero de este año la relación fue 29,8, 66,7 y 3,5%.
El segundo dato positivo de los resultados de la encuesta de marzo pasado se dio al consultar a los empresarios sobre la evolución de sus stocks involuntarios; 60,5% dijo que no hubo cambios, mientras que 36,8% declaró que cayó y 2,7% que aumentó. En febrero pasado la relación fue 67,8, 18,6 y 13,6%. Hay que aclarar que en realidad la caída de las existencias involuntarias se debe a las contestaciones positivas que dieron las terminales automotrices. En este caso influyó que en marzo las concesionarias pudieron colocar unidades con dinero de los ahorristas atrapados en el «corralito».