8 de marzo 2021 - 10:58

La economía determinada por la carrera sanitaria y la divergencia de la política

Si bien el operativo de vacunación contra el coronavirus trajo alivio al Gobierno, todavía debe enfrentar varios desafíos en el plano político y económico.

Argentina todavía debe hacer frente a los efectos de la pandemia en el plano económico.

Argentina todavía debe hacer frente a los efectos de la pandemia en el plano económico.

Foto: Pixabay

Luego de un año con grandes complejidades derivadas de la crisis económica de 2019 y la irrupción de la pandemia a principios del año pasado, el 2021 no se vislumbra con grandes diferencias. Si bien se espera una recuperación económica y una “nueva normalidad”, los desafíos ante una potencial inestabilidad sanitaria son sustanciales, e implican restricciones no menores. A esto se suman los problemas no resueltos que la economía argentina presenta de arrastre, en su historia de excesos y posteriores ajustes.

Respecto a los desafíos de corto plazo, el problema central es evitar una nueva disrupción sanitaria y sus posteriores efectos sobre la economía. Con instrumentos escasos el mundo está intentando minimizar los riesgos que implica un nuevo crecimiento de los contagios. Las vacunas y los cuidados preventivos son determinantes, pero se evidencian problemas en el aprovisionamiento de vacunas por parte de los laboratorios, lo cual genera un escenario incierto a pesar de que en varios países la administración e implementación de vacunatorios está siendo la adecuada -tal es el caso de Chile, que se ha convertido en el líder regional en esta planificación-. En Argentina en cambio, hay gran escepticismo sobre el éxito del proceso de vacunación, derivado del mal manejo inicial, la opacidad sanitaria de una brecha entre cantidad de vacunas y personas que se la aplicaron y, a su vez, lo revelado de la gestión preferencial o el llamado vacunatorio VIP. Ciertamente, una nueva gestión discrecional que afecta la credibilidad de la gestión de gobierno, no solo en el campo sanitario sino a nivel general.

Sin dudas y como lo alude el Fondo Monetario Internacional en su último informe de perspectivas económicas, el mundo se dispone a una carrera entre vacunas y nuevo brote del virus. Si ganan las primeras, es esperable un mundo en crecimiento y la desactivación gradual de las restricciones a la vida diaria. Mientras que si gana el virus, el contexto se torna muy incierto, con nuevos confinamientos y disrupciones económicas que pueden generar condiciones tendientes a un mundo más aislado.

Para nuestro país y desde la perspectiva económica, se presentan dos escenarios diferentes ante la posibilidad de éxito o no del plan de vacunación nacional, es decir que la distribución con alcance federal y eficaz de vacunados afectará claramente el desempeño económico. Si el estado de situación acusa un desempeño similar al actual, la gestión económica tendrá mayores restricciones en su objetivo de acceder a una “nueva normalidad”. En cambio, si la gestión sanitaria -con la vacunación como principal variable-, mejora en términos de eficacia y transparencia, se podrán suavizar las restricciones, generando un mejor espacio, en términos de recursos, para la política económica y el sostenimiento de la recuperación de la actividad.

Respecto al primer escenario -esencialmente negativo-, un mayor conjunto de restricciones, derivado del menor éxito del alcance de vacunación, implica nuevos confinamientos, freno de actividad y mayor necesidad de recursos fiscales para asistir al sector privado. Esto potenciaría un nuevo capítulo de fuerte expansión fiscal, que deberá financiarse vía emisión monetaria lo cual, a su vez, impulsará la dinámica inflacionaria y las presiones cambiarias. Panorama delicado.

Si bien ese escenario potencial planteará un nuevo deterioro en los niveles de actividad y empleo, y en consecuencia sobre la pobreza e indigencia, la profundidad de los efectos dependerá de la fuente de los recursos disponibles. Si el financiamiento se hace solo con emisión monetaria, la perturbación negativa sobre los precios y el tipo de cambio seguramente será más profunda. Hay que ponderar un elemento no menor para el contexto económico: en el inicio de la pandemia y confinamiento, la emisión monetaria y el déficit fiscal estaban en niveles muy menores dadas las restricciones fiscal y monetaria aplicadas durante el año 2019. Por el contrario, este año plantea la necesidad de digerir los excesos del año precedente en aras de evitar un proceso inflacionario de mayor nivel y potenciales desalineamientos cambiarios.

En la versión optimista, si en la carrera las vacunas son las victoriosas, no solo será esencial la disminución de la pérdida de vidas, sino que la economía tendrá un mejor contexto de recuperación, debido a menores necesidades de recursos fiscales y monetarios.

El desafío se presentará en este caso para la política de estabilización. Dada la perspectiva económica del gobierno, es esperable la continuidad de las restricciones cambiarias, un atraso del tipo de cambio y de algunos precios fundamentales de la economía, como las tarifas de servicios públicos. Ante esta posibilidad, se demanda un proceso des inflacionario que solo tendrá éxito si la política económica logra generar los incentivos correctos para ese fin. Concretamente, si la política monetaria y fiscal se coordinan con este objetivo evitando expansiones abruptas y dando señales de eficiencia y transparencia en la gestión, es posible una fase de primeros pasos hacia la estabilidad. Para alcanzar este objetivo, la coordinación política es crucial, pero hasta ahora –mal que nos pese- no se mostró posible.

En definitiva, el desempeño sanitario sumado al escenario político nacional -lejos de los acuerdos y la coordinación-, se transforman en dos variables determinantes para el desempeño macroeconómico. Paradójicamente, una de ellas presenta mayor complejidad que la otra y no resulta novedoso identificar cuál.

*Profesor de IAE Business School

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