Siguen las manifestaciones
en Washington en contra
del plan de rescate a los
bancos de Wall Street,
pronto a ser aprobado por
el Congreso de EE.UU.
Existe una alta probabilidadde que la economía norteamericana entre en recesión debido a la profundización de la debacle financiera global, sostuvo ayer el FMI en su último informe de perspectivas, y advirtió que se necesitan medidas «enérgicas» de parte de los gobiernos para responder a la situación y apoyar el «restablecimiento del capital en el sistema financiero». Señaló, además, que en contextos de turbulencia asociados a problemas en el sistema bancario, crece el riesgo de caer en una desaceleración económica «grave y prolongada».
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Estas conclusiones surgen de comparar 113 casos de crisis financieras ocurridos en 17 economías avanzadas en los últimos 30 años, contenidas en el informe «Perspectivas de la economía mundial», que se presentará la semana que viene en Washington durante la asamblea que realiza ese organismo junto con el Banco Mundial.
Persiste una probabilidad importante de que se produzca una fuerte desaceleración en Estados Unidos, teniendo en cuenta que en un escenario de turbulencia financiera asociada a una crisis del sector bancario, aumenta la posibilidad de que a continuación llegue un proceso de desaceleración económica.
La situación por la que está pasando en estos días los Estados Unidos es muy parecida a anteriores episodios estudiados, en los que los problemas en el sector bancario fueron seguidos por recesiones.
Por otra parte, la situación presente constituye uno de los episodios de turbulencias más extensos, por el alcance que tuvo el contagio en otras economías.
En estos casos graves es probable que las pérdidas acumuladas en el PBI sea hasta tres veces más. También la duración de la crisis sería mayor, entre dos y cuatro veces más, detallaron los expertos del FMI.
La probabilidad de que sobrevenga una desaceleración después de tensiones en el sector financiero, se vincula con el aumento de los precios de la vivienda y el crédito agregado en los meses previos a la crisis. Y la magnitud del desequilibrio financiero de los hogares es crucial para saber si la desaceleración económica se profundizaráal punto de convertirse en una recesión. Por eso, el horizonte para EE.UU. no se presenta nada bueno.
El comportamiento de los precios de los activos, el crédito y el endeudamiento neto de los hogares norteamericanos en estos momentos coincide con el cuadro observado en episodios anteriores que desembocaron en procesos recesivos.
En cambio, existen factores positivos que podrían compensar la situación: los balances de las empresas antes de comenzar la crisis se mostraban relativamente sólidos, y la política monetaria que llevó adelante la Reserva Federal fue de clara distensión.
Por su parte, la zona del euro muestra solidez en los balances de los hogares a pesar de las subas en los valores de los activos y los coeficientes de crédito antes de la crisis financiera.
Dadas estas circunstancias, es particularmente importante que las autoridades económicas adopten medidas enérgicas para afrontar las tensiones y respaldar el restablecimiento del capital en el sistema financiero.
La importancia de los intermediarios financieros básicos, incluidos los agentes de Bolsa y los bancos de inversión, en la transmisión de los shocks financieros a la economía real.
Deben restablecerse las bases de capital de estas instituciones para ayudar a morigerar el alcance e impacto de la desaceleración económica.
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