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El FMI, a partir de ese momento, iba a permitir una interrupción de los pagos de la deuda para proteger al país deudor de las demandas judiciales, tiempo que deberían aprovechar los acreedores para reorganizarse. Citigroup, JP Morgan Chase y Deutsche Bank, se opusieron firmemente a esta interrupción de los pagos.
• Rechazo
Luego de ese período, un país sólo podría reestructurar su deuda con el consentimiento de 75 por ciento de los acreedores registrados como mínimo. Con este sistema, el FMI quería evitar los paquetes de ayuda como el blindaje que recibió la Argentina durante la gestión de Fernando de la Rúa o el salvataje a Corea del Sur que implicó asistencia por casi 50 mil millones de dólares.
Siete organizaciones de acreedores privados -entre ellos el Instituto de Finanzas Internacionales, que reúne a cientos de firmas de 60 países, y las asociaciones de Créditos a los Mercados Emergentes, de Accionistas Industriales y de Mercados de Valores- rechazaron el SDRM en diciembre de 2001. También se pronunciaron contra la medida Brasil, Polonia y la Argentina.
Estas organizaciones que concentran miles de millones de dólares de bonos de países emergentes, temían que apenas anunciado el plan, los inversores se rehúsen a prestarle más dinero a esos países por temor a la quiebra. La posibilidad de quebrar agregaba más riesgo a los países endeudados e implicaba una suba de tasas cada vez que salieran al mercado a pedir dinero.



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