23 de septiembre 2003 - 00:00

Paradoja: se extrañó propuesta de Krueger

La Argentina debe haber lamentado ayer que la propuesta que hizo hace dos años Anne Krueger, la número dos del Fondo Monetario Internacional, sobre la posibilidad de que los países se declaren en bancarrota, no haya tenido éxito.

La subdirectora gerente del FMI no pudo a fines de 2001 imponer a los 24 directores del organismo una idea basada en los principios legales que rigen en Estados Unidos para quiebras empresarias.

La propuesta conocida como Mecanismo de Reestructuración de Deuda Soberana ( SDRM, por sus siglas en inglés), permitiría a un país con una deuda impagable pedir la protección contra los acreedores. Krueger imaginó este plan hace dos años pensando en la Argentina y después de las enseñanzas que dejaron los default de Rusia y Ecuador.

El SDRM comenzaría a funcionar cuando el país insolvente comunique su imposibilidad de pago al Foro de Resolución de Disputas sobre Deuda Soberana. Los integrantes del foro serían designados por el director gerente del FMI, pero actuarían con independencia.

A partir de ese momento, los acreedores deberían inscribirse ante este foro y comenzaría un proceso de verificación de los bonos que cada uno posee. El país deudor debería revelar toda la información que se le pida respecto de su endeudamiento.

El Foro de Resolución de Disputas sobre Deuda Soberana dispondría de 30 días para verificar los datos aportados por deudores y acreedores y para arbitrar el conflicto.

El FMI, a partir de ese momento,
iba a permitir una interrupción de los pagos de la deuda para proteger al país deudor de las demandas judiciales, tiempo que deberían aprovechar los acreedores para reorganizarse. Citigroup, JP Morgan Chase y Deutsche Bank, se opusieron firmemente a esta interrupción de los pagos.

• Rechazo

Luego de ese período, un país sólo podría reestructurar su deuda con el consentimiento de 75 por ciento de los acreedores registrados como mínimo. Con este sistema, el FMI quería evitar los paquetes de ayuda como el blindaje que recibió la Argentina durante la gestión de Fernando de la Rúa o el salvataje a Corea del Sur que implicó asistencia por casi 50 mil millones de dólares.

Siete organizaciones de acreedores privados -entre ellos el Instituto de Finanzas Internacionales, que reúne a cientos de firmas de 60 países, y las asociaciones de Créditos a los Mercados Emergentes, de Accionistas Industriales y de Mercados de Valores- rechazaron el SDRM en diciembre de 2001. También se pronunciaron contra la medida
Brasil, Polonia y la Argentina.

Estas organizaciones que concentran miles de millones de dólares de bonos de países emergentes, temían que apenas anunciado el plan, los inversores se rehúsen a prestarle más dinero a esos países por temor a la quiebra. La posibilidad de quebrar agregaba más riesgo a los países endeudados e implicaba una suba de tasas cada vez que salieran al mercado a pedir dinero.

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