El último dato de actividad económica de noviembre 2020, que arrojó un aumento de 1,4% mensual (-3,7% interanual y -5,2% trimestral) luego de una expansión revisada de 2,1% mensual en octubre, ha despertado sentimientos encontrados entre los analistas. Porque si bien confirma, en línea con la flexibilización de las restricciones, que la recuperación continúa (y fue generalizada) lo cual mejora las proyecciones, el impacto de la segunda ola de contagios obliga a recalcular las estimaciones de crecimiento para este año. Vale señalar que los datos de noviembre sitúan el PBI un 3,3% por debajo de su nivel prepandémico (febrero 2020) y desafían las expectativas privadas de una recuperación más lenta. Es así como varios economistas extranjeros recalcularon las estimaciones del cuarto trimestre de modo que en general esperan una caída anual en torno al 10% en 2020.
Rebrote
A pesar de mejorar el pronóstico para el año pasado con su consiguiente correlato para el 2021, consideran que una segunda ola en desarrollo empañan las perspectivas de recuperación ante la imposición de algunas restricciones para detener la propagación del virus por parte de las autoridades regionales. Y si bien las medidas son más flexibles que el segundo trimestre del año pasado y varían según la ubicación geográfica, los analistas están recalculando para abajo los pronósticos para 2021. De todos modos, el rango de pronósticos marca para este año un crecimiento de entre 4,5 y 6%. Las tasas de crecimiento más modestas responden a los controles del tipo de cambio, las políticas intervencionistas y la disminución de la confianza, factores que para los expertos probablemente frenarán la recuperación. Claro que todo ello enmarcado en la negociación con el FMI, tema que se considera clave para el crecimiento sostenible. Los analistas recuerdan que la economía argentina, además de haber sido muy golpeada por la pandemia, anota su tercer año consecutivo de recesión. Por lo tanto, y debido a la elevada informalidad del mercado de trabajo y a la falta de dinamismo de la economía, los pronósticos apuntan a una lenta disminución del desempleo (el empleo crecerá pero con trabajos de menor calidad). Mientras que para el consumo vislumbran un desempeño deslucido, debido al endeudamiento de las familias, la pérdida de salarios reales y el alto desempleo. Por su parte la inversión se verá desalentada por la alta inflación y la elevada incertidumbre. En cuanto al sector externo, destacan que las exportaciones muestran una débil performance a la vez que las importaciones crecen rápidamente, ambas influenciadas, en sentido inverso, por la brecha cambiaria.
Debido a que cualquier programa macroeconómico consensuado con el FMI deberá incluir una consolidación fiscal sólida para que la deuda sea sostenible con alta probabilidad, ello reduce en alguna medida las chances de lanzamiento del nuevo programa antes de las elecciones legislativas, por lo que los analistas esperan sólo anuncios de avances parciales hasta entonces.
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