El proyecto de canje de los redescuentos por los préstamos garantizados (son los títulos públicos como los BOCON, Bradies, Global) en poder de las entidades financieras que impulsa el Ministerio de Economía está generando fuertes reacciones entre los bancos.
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Fuentes allegadas a las negociaciones entre Economía, el Central y los representantes de los principales bancos públicos y privados destacaron que las conversaciones avanzan lentamente. No obstante ello, no se descarta que la medida entre en vigencia a principios de setiembre.
Entre las propias entidades financieras hay una guerra declarada porque la decisión del gobierno beneficiaría a bancos que solicitaron ayuda directa del BCRA (y puntualmente en el caso de los extranjeros, los que no trajeron dinero de sus casas matrices, sino que recurrieron a fondos oficiales) frente a aquellos que incrementaron su exposición en el país y se capitalizaron. El dato no es menor ya que se trata de más de $ 16.900 millones que la autoridad monetaria otorgó a las entidades financieras para auxiliarlas por problemas de liquidez (la mayor parte fue a entidades oficiales). Los primeros que ya manifestaron sus reparos fueron los ejecutivos de las entidades menos endeudadas con el Central, que aducen que de esta forma se estaría «premiando» a quienes pidieron más redescuentos. Incluso hasta hubo amenazas de estas entidades afectadas de publicar una solicitada informando los nombres de los que recibieron redescuentos y los que aportaron dinero de sus casas matrices.
A raíz de ello en Economía no descartan una propuesta para mitigar este problema. Por caso, que se tomen los préstamos garantizados para saldar las deudas por redescuentos, pero valuando cada peso otorgado de esta forma con un adicional de 20%. De esta manera, un peso de redescuento ahora se devuelve a $ 1,20, pero en préstamos garantizados.
A fines de noviembre del año pasado, el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo ofreció canjear los títulos públicos por préstamos garantizados con la recaudación impositiva a una tasa máxima de 7% anual en dólares. La operación, que finalmente se concretó con una importante adhesión, prácticamente hizo desaparecer el mercado de bonos.
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