16 de marzo 2005 - 00:00

Penoso

Pedro Pou fue uno de los funcionarios más correctos de la gestión de Carlos Menem. Era vicepresidente del Banco Central (el titular era Roque Fernández) cuando encaró con gran valentía y conocimiento enfrentar la crisis mundial del tequila, en diciembre de 1994. Logró mantener estable al país en medio de un temible cimbronazo financiero internacional. Luego le tocó la crisis del sudeste asiático, el estallido de Rusia que cayó en default y la famosa devaluación brasileña de enero de 1999. Las últimas ya las enfrentó como presidente del Banco Central. Como banquero, fue durísimo. Por caso, puso en evidencia -con gran riesgo político-el vaciamiento del Banco Provincia que inició Eduardo Duhalde en 1997, obligando a la institución a un severo encuadramiento. Luego lo desplazó Domingo Cavallo por no querer Pou aceptar su exigencia de usar las reservas. Paralelamente, un presidente del Banco Central en la Argentina debe realizar a la par de su compleja tarea financiera la supervisación de las entidades y no tiene protección legal, como en Estados Unidos, por caso.

Si Pedro Pou intervenía un banco, precipitaba su caída. Si le daba «aire», a la espera de que se recupere, arriesgaba consecuencias a depositantes. El momento justo de intervenir en épocas de crisis es una hazaña que necesita la frialdad y el golpe exacto de un tallador de diamantes. Igual, siempre le harán juicio al presidente del Banco Central los accionistas, porque dirán que se precipitó al cerrarlo; y otros, los depositantes, por no haberlo hecho antes. Así, siempre terminan en juicios.

Un experto de la magnitud de Pedro Pou, entonces, irá a juicio oral por una Justicia incapaz de entender estas situaciones, protegidas en otros países. La Corte Suprema actual, de tendencia y mayoría kirchnerista, agregó el factor ideológico y le rechazó ayer un recurso. La izquierda criolla -siempre enceguecida por silenciar a hombres defensores de la libre empresa, la iniciativa privada y el no estatismotambién, como era de esperar, se ensañó con un economista como Pou. Esta Corte satisface, obviamente, las expectativas del centroizquierda. Para colmo, lo mandan a juicio junto con Aldo Dadone, que presidió el Banco Nación y está implicado en actos delictivos comprobados, como el del IBM en esa institución. Las acusaciones vinieron de un banco de escasa seriedad y casi desconocido que funcionó en el pasado, Medefín, de Daniel Cardoni, José López Mañán y otros. Penoso.

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