Fue nuevamente muy contundente ayer el titular del FMI, Rodrigo de Rato, al momento de hablar sobre la Argentina. "Se siguen aplicando políticas del pasado", dijo, y resaltó que "con el default el país se hizo daño a sí mismo". Con esto, envió un mensaje al gobierno: la reciente postergación de vencimientos que hizo el Fondo Monetario al país por casi u$s 1.100 millones no implica que se esté de acuerdo con los pasos que se están dando con privatizadas y acreedores. En diez días, comenzará la asamblea anual conjunta del FMI-Banco Mundial en Washington a la que asistirán Roberto Lavagna y, seguramente, el flamante titular del Banco Central, Martín Redrado. La preocupación del Fondo pasa por los pocos avances en la renegociación de la deuda y el escaso margen de tiempo que resta para hacerlo. Lo mismo con privatizadas. El Grupo de los Siete -integrado por los países más desarrollados del mundo-tiene claro que no habrá más concesiones en materia de plazos adicionales para que el país concrete esas reformas. Ya no hay temor de que la Argentina llegue al default total, es decir, que entre en cesación de pagos y arrastre a los organismos internacionales como FMI, Banco Mundial y el BID.
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