Al borde de perder la calma, el ministro aclaró: «No quiero agraviar a nadie. Simplemente, quiero hablarles con mi verdad relativa, como dice el Presidente». Ya los ánimos se habían calmado; de lo contrario, hubiera estallado una pelea de proporciones.
«No quiero que suene a chicana, pero toda la información que disponemos está en el portal de Internet de Economía», avisó Alberto Fernández, con un gesto de suficiencia.
Pareció un chiste. «No puede ser que nos remita a la página Web», se quejó el radical de Mendoza Ernesto Sanz. «Me comprometo a acercarle la información y, cualquier cosa, me pueden llamar por teléfono», retrucó Fernández.
«Me gusta escuchar que quien fuera intendente del Proceso hoy defienda el papel del Congreso en el tema de la deuda», había señalado en alusión al renovador salteño Ricardo Gómez Diez.
No obstante este episodio, la oposición apareció desarmada frente a Alberto Fernández, a pesar de que había pronóstico de polémica con senadores por el acuerdo que derivó en el pago de u$s 3.100 millones al Fondo. El jefe de Gabinete, que fue a informar al Congreso sobre esas negociaciones -y no lo hizo, pues sólo repasó datos ya conocidos y realizó un planteo político (al estilo de «no esperen complacencia y buenos modales porque estamos defendiendo los intereses de nuestra gente»)-, salió airoso ante la ausencia de contradictores. Se notó la falta de Raúl Baglini, mandato cumplido desde el 10 de diciembre.
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