El gobierno pudo mostrar ayer los mejores resultados de los índices de inflación desde que decidió salir de la convertibilidad, en enero de este año. El índice de precios al consumidor fue en octubre de sólo 0,2%, un porcentaje similar a los de los años del 1 a 1. Tanto el índice mayorista como el de la construcción fueron de 0,9%, los niveles más bajos del año. Inclusive, y por primera vez en 2002, los precios de los bienes (que acumulaban hasta setiembre un alza de 68%) aumentaron menos que los servicios. En general, la noticia es positiva para el público porque se trata de la estabilidad del impuesto más distorsivo. Sin embargo, hay que analizar la situación con cierto cuidado. En primer lugar, porque parte de la estabilidad se debe a la persistencia de la recesión. Muchos precios se mantienen estables o inclusive caen, sólo porque esos bienes y servicios no tienen demanda dentro del país y no pueden exportarse. Otro dato es la caída del dólar, que de cotizar en un promedio de 3,65 pesos en setiembre pasó a valer $ 3,55 en octubre. El tercer factor para que no haya más inflación es que aún el gobierno mantiene congeladas las tarifas de los servicios públicos desde el fin de la convertibilidad. Otro dato es que el país se mantiene en default, lo que si bien lo aleja del mundo financiero, monetariamente sirve para sostener los precios.
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