Volvieron los tres dígitos de órdenes, pero junto con ellos penetró un mix desproporcionado hacia el flanco de los «osos» y que... hicieron nuevamente de las suyas. El objetivo mayor, acaso como para crear dispersión por miedo, estuvo concentrado en que el Merval perforara el piso que parecía estar largamente consolidado: el del 1.600.
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Con todo lo que, además de lo puramente estadístico, es capaz de generar en los ánimos, la meta se pudo lograr pero solamente de manera pasajera. El índice tocó 1.589 puntos, tras alcanzar máximo de 1.656, y posteriormente se encaramó arriba de un delgado alambre -cierto es- pero salvando en parte la imagen, por haber concluido en una marca de 1.604 puntos. El porcentual igualmente resultó hiriente, camino de 2,5%, con el bálsamo de haber remontado un nivel que habría hecho cundir temores sumamente peligrosos. Con lo hecho no se diluyeron, visto el grado de debilidad en que viene la semana, pero se logró una tregua. Una rueda más, para ensayar defensas.
Lo peor no es lo que se habla -como diría Errol Flynn-sino «lo que se murmura» en el mercado. Y lo de ayer, con un volumen recuperando nivel, hasta los $ 105 millones. Y avalando la caída violenta, creó un cinturón de fuego que parece estar rodeando los paneles del período. Cayó muy bajo, perforó lo inimaginado, repuntó, y quedó colgando de la cornisa. El operador quiere saber de qué se trata...
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