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El anuncio se produjo a pocos días de los sucesos en el ferrocarril Sarmiento que terminaron con el incendio y la destrucción de la estación Haedo. Estos hechos más la difusión de nuevos ajustes en los subsidios a los concesionarios para afrontar gastos corrientes suscitaron fuertes críticas al gobierno por el deficiente control sobre el servicio.
Por eso, Kirchner debió salir con un discurso con el que pretendió tomar distancia de las empresas y al mismo tiempo justificar las dificultades en la prestación.
«A los concesionarios de trenes -se lo digo permanentemente a (el secretario de Transporte, Ricardo) Jaime- hay que tenerlos cortos, con toda la inversión que les estamos llevando.
Cortitos, tienen que hacer las cosas como corresponde», dijo el primer mandatario, poniendo en evidencia al controvertido funcionario del área pero al mismo tiempo respaldándolo.
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