Propuesta de UIA: recuperar dólares fuera de los bancos

Economía

Temas nuevos, pero no tanto: eso es lo que está discutiendola Unión Industrial Argentina (UIA) con el gobierno en relación con el Pacto del Bicentenario. Lo más notable es la posibilidad de que se permita el retorno de los fondos que tienen los argentinos en el «colchón». Dos altas fuentes de la entidad confiaron a este diario los tópicos centrales de la parte industrial del acuerdo que aspira a firmar la Presidente con todos los sectores de la economía, incluido ahora el campo.

Esas fuentes afirman que el gobierno se niega de plano a hablar de blanqueo, pero están tratando (junto con los equipos técnicos de la UIA) de encontrar una vía alternativa. El lunes, la Cámara Argentina de Comercio fue a la Casa Rosada a visitar a Cristina de Kirchner con el mismo planteo, al que le sumaron un posible «estímulo» para que las empresas reinviertan utilidades.

Ese es otro de los puntos cruciales que pide la UIA: que se desgraven las reinversiones de utilidades, al menos de las empresas medianas y chicas. Esto tampoco es nuevo, pero tienen la esperanza de que las urgencias del gobierno por la «foto» lo lleve a aceptar el reclamo. Hasta ahora, los funcionarios siguen pidiendo que la UIA les explique cómo compensar el desequilibrio fiscal que les causaría la no percepción de esos recursos; la central fabril sólo les responde que el monto es ínfimo en relación con los beneficios secundarios que se recogerían en términos de crecimiento de PBI, del empleo, etc. Por el momento, no convencen.

El tercer gran tema de la UIA con el gobierno sigue siendo el del dictado de una nueva ley de ART y accidentes de trabajo. Como se recordará, un fallo de la Corte Suprema habilitando la «doble vía» (cobrar la indemnización que fija la ley, y después recurrir ante la Justicia a reclamar un monto mayor), y otro eliminando los topes indemnizatorios, convirtió en letra muerta la legislación sobre esa cuestión.

Básicamente, la UIA reclama la desaparición por ley de la «doble vía» y la fijación de topes razonables (hasta aceptan que los fijados por la ley quedaron desactualizados). Esa cuestión la estarían discutiendo Daniel Funes de Rioja ( laboralista de los industriales) y Héctor Recalde (diputado que representa a Hugo Moyano). Esto, mientras el ministro Carlos Tomada asegura que « habrá ley pronto», pero sin aventurar fecha ni texto tentativo.

La central fabril también sugiere la constitución de un Consejo Económico Social (CES), que sería tripartito -empresarios, gobierno, sindicalismo-y en el que no se discutiría otra cosa que «los grandes lineamientosestratégicos para el país del futuro». Pomposa pretensión, con fines difícilmente atingibles si quienes se sientan al CES son los imaginables. Pide la UIA que en ese organismo no se hable jamás de salarios ni convenios, cuestiones que seguirán en el ámbito de las negociaciones colectivas. De hecho, Funes de Rioja viajó esta semana a Madrid para entrevistarse con miembros del CES de España, modelo que se aspira a imitar, y para comprobar «in situ» cómo funciona.

Otra idea que vuelve a la mesa es la creación de « instrumentos crediticios para financiar las inversiones industriales a largo plazo». En otras palabras: préstamos a más de diez años, con tasas «parcialmente subsidiadas» que se sufragarían con fondos públicos a través de bancos oficiales o privados. Sólo podrían otorgarse a empresas que se comprometan a utilizarlos para la compra de maquinaria y/o la ampliación de sus instalaciones industriales. También se piensa en la constitución de fideicomisos y « sociedades de garantías recíprocas» (muchos de quienes leyeron la idea debieron preguntar qué son esas sociedades) para este mismo fin.

El obstáculo -también en este caso-es que el gobierno, igual que con la desgravación para las reinversiones, quiere que la UIA le diga cuánto le va a costar este subsidio, y de dónde saldrían los fondos para afrontarlo.

¿Y no se habló del INDEC?, fue la obvia pregunta a una de las fuentes que reveló estos datos. «No; ni se rozó el tema, pero estamos todos convencidos de que de algún modo, y más temprano que tarde, habrá que sincerar los números de la economía.»

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