Público y empresas pagan la mitad del nuevo ajuste
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Sin embargo, debe tenerse en cuenta que cualquier default, que significa «crédito cero», obliga, de hecho, a un déficit cero. El haber llegado a esta medida por ley y no por default evidentemente tiene su mérito, pero esto no debe ser considerado simplemente como una virtud de la administración, sino también como una necesidad que resultó impostergable. También es cierto que los más de 1.600 pbs de los días previos al anuncio eran un cuasi default que relativizan ese mérito, pero la diferencia en las consecuencias que traerían una y otra situación son abismales. Esto es, sin dudas, positivo.
Si consideramos el efecto benéfico del blindaje sobre el nivel de riesgo-país, se observa que duró unas 5 semanas a partir de su anuncio formal, el 18 de diciembre de 2000, lo que lo llevó de 805 pbs a 654 pbs, nivel muy cercano al vigente en el momento de la renuncia de Alvarez. Si tenemos en cuenta que la conformación de este blindaje ya era conocida con anterioridad en los mercados, puede afirmarse que el efecto total duró unas 8 semanas, teniendo en cuenta el pico de 865 pbs alcanzado el 28 de noviembre (caída total de 211 pbs). Sin embargo, el efecto del megacanje fue mucho más fugaz y menos efectivo, pues duró apenas una semana desde su anuncio formal, pasando de 1.019 pbs al momento de su realización, el 1 de junio, a 879 pbs siete días después, y 6 semanas, a contar desde sus anuncios previos (caída total de 163 pbs).
La pregunta frente al déficit cero actual es: esta nueva componenda de fuerzas entre UCR, AR y el apoyo del PJ ¿alcanza para reducir sustancialmente el riesgo-país, revertir la fuga de capitales que se observa desde marzo y mejorar la relación de convertibilidad, que llega a 87,2%? Hay dos respuestas posibles: 1) con estas fuerzas, sí alcanza, porque el déficit cero es, en sí mismo, una solución que implica exigencias futuras menores a las anteriores; y 2) el déficit cero no fue un logro político, sino una necesidad, y sólo sirve, como el blindaje y el megacanje, para ganar tiempo (aunque, esta vez, no tanto como con el blindaje) y hacer la reforma del Estado pendiente: y para esto último, estas fuerzas políticas, no del todo alineadas ni convencidas y semicríticas, no alcanzan.
Nuestra opinión final otorga más probabilidad al segundo escenario que al primero. Y ese escenario es pesimista, pues nos conduce a un mayor debilitamiento del gobierno y hace más factible su salida anticipada y el default posterior. El primer escenario, sin embargo, tiene probabilidad de ocurrencia y se develará estos días, cuando quede en claro cómo será tomado finalmente por los mercados este déficit cero, si como el comienzo de una solución definitiva o como el remedio que no pudo ser evitado. Si el déficit cero alcanza, la coalición puede llegar a octubre. Si hacen falta más reformas políticas, esta coalición es demasiado endeble y, probablemente, «hará agua» más pronto que tarde.
Entendemos que el déficit cero fue una simple consecuencia del crédito cero y que esto deriva de la bajísima confiabilidad que despierta este gobierno. Cualquier medida que solucione el crédito cero soluciona el efecto y no su causa. Sólo la recuperación de la crisis política mejorará la confianza: ése es el verdadero problema.
• Efecto positivo
Sin embargo, debe reconocerse que la promesa de no aumentar más el stock de endeudamiento, que es la consecuencia del déficit cero y que creemos que se cumplirá, al menos, mientras los porcentajes de reducción de sueldos y jubilaciones sean políticamente sostenibles, debe tener cierto efecto positivo sobre el precio de los bonos. Esto ocurrirá en la medida en que se tornen relativamente más escasos. Pero este efecto será marginal en el corto plazo (el stock se incrementaba sólo 0,3% mensual), mientras que el efecto de una mejora en la confianza, que es lo que determina la magnitud de la demanda por activos argentinos, puede variar de una forma muchísimo más relevante y, a la larga, será lo que determine la suerte final de esta administración.
En lo que va del mes, el sistema financiero sufrió una caída de depósitos del orden de u$s 4.552 millones, impulsada tanto por el retiro de colocaciones en pesos como en dólares, aunque esto último en menor medida. Los depósitos en moneda nacional totalizaron, al 18 de julio, $ 26.163 millones, lo cual implica una disminución de $ 2.908 millones en relación con el nivel alcanzado al inicio del mes. Al mismo tiempo, las colocaciones en dólares alcanzaban u$s 50.784 millones, significando una disminución de u$s 1.644 millones. Por su parte, en el mismo período, las reservas internacionales del BCRA sufrieron una merma de u$s 2.487 millones. La relación de convertibilidad (reservas líquidas sobre pasivos financieros) experimentó un gran deterioro, al ubicarse en 87,7%, lo cual significa una baja de 9 puntos porcentuales en relación con el cierre del mes anterior.



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