26 de julio 2001 - 00:00

Público y empresas pagan la mitad del nuevo ajuste

La nueva ley de déficit cero es un instrumento que resulta bienvenido por cuanto elimina las dudas acerca de la suerte que iba a seguir el Decreto 896 que había dictado el PE y que finalmente esta ley ratifica, aunque formalmente lo derogue. Esta regla dejaría directamente en manos del secretario de Hacienda la autorización legal de recortar las partidas presupuestarias para adecuarlas a los recursos corrientes, lo que garantizaría su efectiva aplicación.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que cualquier default, que significa «crédito cero», obliga, de hecho, a un déficit cero.
El haber llegado a esta medida por ley y no por default evidentemente tiene su mérito, pero esto no debe ser considerado simplemente como una virtud de la administración, sino también como una necesidad que resultó impostergable. También es cierto que los más de 1.600 pbs de los días previos al anuncio eran un cuasi default que relativizan ese mérito, pero la diferencia en las consecuencias que traerían una y otra situación son abismales. Esto es, sin dudas, positivo.

• Impuestazos

También debe relativizarse el mérito de este nuevo ajuste, por cuanto el Congreso volvió a la carga del sector privado con nuevos impuestazos, de modo de evitar todo lo posible la reducción del gasto. En realidad, de un ajuste total anual estimado de aproximadamente $ 4.100 millones, sólo unos $ 1.600 millones son recorte de gasto en salarios y jubilaciones y otros $ 350 podrán ajustarse a los proveedores. La otra mitad (unos $ 2.150 millones) son más impuestos para las empresas y los contribuyentes, y, por lo tanto, no podemos todavía hablar de un Estado que recorta fuertemente el gasto.

A las medidas impositivas que parecían más razonables (volver atrás tanto el decreto que dejaba sin efecto el aumento de Ganancias impuesto por Machinea como la disminución del impuesto a las naftas) se agregaron otras nuevas. Algunas de ellas son también positivas: la tan demorada ratificación del IVA a la televisión por cable; la correcta, aunque complicada, transformación del IVA de devengado a percibido, que contrariamente a lo que se afirma, no tiene costo fiscal, sino sólo redistributivo, desde contribuyentes que venden al contado a otros que venden a crédito; la generalización del impuesto a las transferencias financieras; y la aparente extensión a los poderes Legislativo y Judicial del recorte de gasto. El aumento de los aportes patronales a las empresas de servicios, en cambio, es discriminatorio e inoportuno, pues afecta el núcleo mismo de la generación de empleo en un momento de alta escasez.

Sin embargo, a nuestro juicio, lo más importante de analizar de este paquete es cómo evaluar el apoyo político que finalmente recibió en Diputados. El Frepaso abandonó el barco, la UCR quedó como la fuerza oficialista principal en cuanto al número de legisladores y AR, como la segunda fuerza de la nueva coalición de hecho. Paradójicamente, de ahora en más será AR la fuerza de opinión más oficialista dentro de esta coalición, y la UCR de Alfonsín ocupará el rol que le tocaba anteriormente al Frepaso: ser el ala crítica del gobierno. Claro que el ala crítica será ahora la mayoría de la coalición y no su minoría. Por lo tanto, tras nueve meses no se observa una solución de fondo para la crisis política desatada en la Alianza luego de la salida de Carlos Chacho Alvarez. Y si la crisis institucional no se resuelve, es probable que el déficit cero pase a la historia del mismo modo que pasaron el blindaje financiero de diciembre y el megacanje de la deuda de junio.

• Beneficio

Si consideramos el efecto benéfico del blindaje sobre el nivel de riesgo-país, se observa que duró unas 5 semanas a partir de su anuncio formal, el 18 de diciembre de 2000, lo que lo llevó de 805 pbs a 654 pbs, nivel muy cercano al vigente en el momento de la renuncia de Alvarez. Si tenemos en cuenta que la conformación de este blindaje ya era conocida con anterioridad en los mercados, puede afirmarse que el efecto total duró unas 8 semanas, teniendo en cuenta el pico de 865 pbs alcanzado el 28 de noviembre (caída total de 211 pbs). Sin embargo, el efecto del megacanje fue mucho más fugaz y menos efectivo, pues duró apenas una semana desde su anuncio formal, pasando de 1.019 pbs al momento de su realización, el 1 de junio, a 879 pbs siete días después, y 6 semanas, a contar desde sus anuncios previos (caída total de 163 pbs).

La pregunta frente al déficit cero actual es: esta nueva componenda de fuerzas entre UCR, AR y el apoyo del PJ ¿alcanza para reducir sustancialmente el riesgo-país, revertir la fuga de capitales que se observa desde marzo y mejorar la relación de convertibilidad, que llega a 87,2%? Hay dos respuestas posibles:
1) con estas fuerzas, sí alcanza, porque el déficit cero es, en sí mismo, una solución que implica exigencias futuras menores a las anteriores; y 2) el déficit cero no fue un logro político, sino una necesidad, y sólo sirve, como el blindaje y el megacanje, para ganar tiempo (aunque, esta vez, no tanto como con el blindaje) y hacer la reforma del Estado pendiente: y para esto último, estas fuerzas políticas, no del todo alineadas ni convencidas y semicríticas, no alcanzan.

Nuestra opinión final otorga más probabilidad al segundo escenario que al primero. Y ese escenario es
pesimista, pues nos conduce a un mayor debilitamiento del gobierno y hace más factible su salida anticipada y el default posterior. El primer escenario, sin embargo, tiene probabilidad de ocurrencia y se develará estos días, cuando quede en claro cómo será tomado finalmente por los mercados este déficit cero, si como el comienzo de una solución definitiva o como el remedio que no pudo ser evitado. Si el déficit cero alcanza, la coalición puede llegar a octubre. Si hacen falta más reformas políticas, esta coalición es demasiado endeble y, probablemente, «hará agua» más pronto que tarde.

Entendemos que el déficit cero fue una simple consecuencia del crédito cero y que esto deriva de la bajísima confiabilidad que despierta este gobierno. Cualquier medida que solucione el crédito cero soluciona el efecto y no su causa. Sólo la recuperación de la crisis política mejorará la confianza: ése es el verdadero problema.

• Efecto positivo

Sin embargo, debe reconocerse que la promesa de no aumentar más el stock de endeudamiento, que es la consecuencia del déficit cero y que creemos que se cumplirá, al menos, mientras los porcentajes de reducción de sueldos y jubilaciones sean políticamente sostenibles, debe tener cierto efecto positivo sobre el precio de los bonos. Esto ocurrirá en la medida en que se tornen relativamente más escasos. Pero este efecto será marginal en el corto plazo (el stock se incrementaba sólo 0,3% mensual), mientras que el efecto de una mejora en la confianza, que es lo que determina la magnitud de la demanda por activos argentinos, puede variar de una forma muchísimo más relevante y, a la larga, será lo que determine la suerte final de esta administración.

En lo que va del mes, el sistema financiero sufrió una caída de depósitos del orden de u$s 4.552 millones, impulsada tanto por el retiro de colocaciones en pesos como en dólares, aunque esto último en menor medida. Los depósitos en moneda nacional totalizaron, al 18 de julio, $ 26.163 millones, lo cual implica una disminución de $ 2.908 millones en relación con el nivel alcanzado al inicio del mes. Al mismo tiempo, las colocaciones en dólares alcanzaban u$s 50.784 millones, significando una disminución de u$s 1.644 millones. Por su parte, en el mismo período, las reservas internacionales del BCRA sufrieron una merma de u$s 2.487 millones. La relación de convertibilidad (reservas líquidas sobre pasivos financieros) experimentó un gran deterioro, al ubicarse en 87,7%, lo cual significa una baja de 9 puntos porcentuales en relación con el cierre del mes anterior.

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