10 de septiembre 2004 - 00:00

¿Puede el gobierno de Kirchner prosperar a través de la confrontación?

"Durante sus 15 meses en el puesto, el presidente argentino Néstor Kirchner ha prosperado desde el desafío. Empresas privatizadas de servicios públicos, como las productoras de electricidad, están furiosas ante su fracaso para incrementar las tarifas, muchas de las cuales estuvieron congeladas desde 2001. Kirchner se negó a negociar con los acreedores de u$s 100.000 M. de la deuda. El mes pasado, fue un paso más lejos, anunciando que iba a suspender el acuerdo de Argentina con el FMI, organismo al que se le deben u$s14.500 M. ¿La razón? Él quiere forzar a través de un acuerdo de deuda unilateral y descontar que el organismo presione para lograr mejores términos para los acreedores.

Hasta el momento, las firmes tácticas del Presidente por lo general siempre se cobraron. La economía se recuperó fuertemente de la crisis de 2001-2002. El rating de aprobación del Presidente ya no es más de 80%, pero sigue por lo menos superior a 50%. Los próximos meses pondrán a prueba su estrategia. Ahora, el gobierno está bien parado y aunque no hay crédito, la economía sigue sacando provecho de la devaluación de 2002. Ayudado por el crecimiento, los impuestos a las materias primas en auge y el default de la deuda, el gobierno está prosperando.

Fuentes oficiales insisten en que el crecimiento va a continuar. El gobierno tiene efectivo de sobra para incrementar las jubilaciones y los salarios y, por ahí, para cortar los impuestos. Las inversiones, por lo general provenientes de pequeñas firmas, están igual que estaban en la década de los 90, según dijo el ministro de economía, Roberto Lavagna.

Las importaciones de bienes de capital, dice que aumentaron 150% este año. La mayoría espera que este crecimiento pare en 2005. Para los defensores del gobierno este es un cambio de ritmo desde un fuerte galope hacia uno más tranquilo. "Si no estuviéramos en default, seríamos una economía milagrosa", dice Roberto Frenkel, un economista de la Universidad de Buenos Aires.

En abril de este año hubo un tropiezo cuando los cortes de energía cerraron fábricas, temporalmente ajustadas, y la producción industrial cayó entre junio y julio. A pesar del repentino aumento de las importaciones de los bienes de capital, casi dos tercios de las inversiones están en plena construcción, dice Luis Secco, un consultor económico. Proveedores de bienes básicos como acero y petroquímicos se muestran reacios para invertir, aunque sus fábricas están funcionando a toda máquina. "Algunas compañías grandes están desinvirtiendo," dice Andrew Powell, un economista de la Universidad Torcuato Di Tella. "Eso tiene que cambiar".

Esto es imposible que suceda mientras el gobierno está improvisando un nuevo orden que sigue encerrado en una batalla con lo viejo. El nuevo orden supone finanzas públicas sólidas que, en parte, provienen de las inversiones dificultadas por los impuestos de las exportaciones.

El Gobierno quiere lo que Lavagna llama "un rol más robusto" para el Estado en la economía. Pero nadie sabe qué tipo de gobierno se pretende y en qué términos. Recientemente acaban de demorar el compromiso para reprivatizar el sistema postal; y están creando una nueva compañía estatal de energía.

Hasta los defensores del Gobierno no justificaron su "caprichoso" trato a las compañías que manejan servicios públicos privatizados. Tienen una "actitud de pelea en esta área, que no ayuda", dice Javier González Fraga, un economista de la Universidad Católica.

Esa actitud proviene de ambos: el presidente y el ministro de planeamiento, Julio De Vido (una pareja conocida en Buenos Aires como "pingüinos, ya que ambos vienen de la provincia patagónica de Santa Cruz). Lavagna parece estar en desacuerdo, y reclama "aumentar las tarifas", especialmente las referidas a la energía.

La confrontación con respecto a la deuda también tiene sus riesgos. Para la Argentina tiene sentido llevar a cabo una dura negociación con los tenedores de bonos, pero no de tal magnitud como para que sea rechazada por miles de ellos. Esto podría terminar en demandas, provocando incertidumbre en la finanzas públicas durante años.

Una batalla similar se desarrolla con el FMI. Sin tenerse en cuenta los bonos en default, la Argentina tiene que hacer frente al pago de u$s 10.5 mil millones el próximo año. Esto va a ser difícil si no se obtienen desembolsos por parte del FMI, que quiere una mayor meta para el superávit primario y reformas estructurales. El Fondo, por su parte, no puede fácilmente suspender las negociaciones con un Gobierno que ha cumplido sus metas fiscales incluso cuando no ha logrado la aprobación del Congreso para reformas estructurales.

Existe espacio para el compromiso. Hasta el momento, el batallador Kirchner ha mostrado poco talento para eso”

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