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La ronda de conversaciones comerciales iniciada en noviembre de 2001 en Doha, Qatar, constituye la primera vez en que los intereses de los países en desarrollo se ponen en el centro de las negociaciones comerciales multilaterales. Pero durante gran parte de los últimos dos años, las negociaciones han estado estancadas en temas de importancia fundamental para los países en desarrollo: el acceso al mercado para productos agrícolas e intensivos en mano de obra; la propiedad intelectual de los medicamentos; y la naturaleza del tratamiento especial y diferenciado para los países en desarrollo. Si bien es alentador que Estados Unidos y la Unión Europea hayan acordado recientemente propuestas conjuntas para las negociaciones agrícolas, y también que la UE, EE.UU. y Canadá hayan arribado a puntos convergentes en cuanto al acceso a mercados no agrícolas, aún queda lo más difícil, puesto que la promesa que se hizo durante las conversaciones de Doha de un resultado que realmente propicie el desarrollo sigue estando en suspenso.
Sin embargo, la materialización de estas ganancias no será posible a menos que los ministros de comercio encuentren una vía para romper el estancamiento. Si bien esto requiere medidas de parte de todos los países, los ricos tienen que mostrar su liderazgo reduciendo el proteccionismo y dejando a un lado las políticas que disminuyen las perspectivas de crecimiento en los países en vías de desarrollo. Y lo que está en juego es mucho. Como promedio, las personas pobres que viven con $ 2 dólares o menos -más de 2,7 mil millones de seres humanos- enfrentan el doble de barreras comerciales en comparación con los habitantes ricos del mundo.
Por ejemplo, el total de los subsidios que los países ricos ofrecen a sus agricultores sobrepasa el PIB de Africa, mientras el apoyo total a los agricultores de la OCDE supera en seis veces el nivel de la ayuda extranjera.
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