"Que los europeos dejen de coimear"
El aburrimiento que se le atribuyó, desde la propia publicidad de campaña, a Fernando de la Rúa, parece ampliamente compensado por el desenfado de algunos integrantes de su círculo más estrecho. El empresario Martín Varsavsky es un buen ejemplo. La Cancillería acaba de designar embajador a este empresario, que donó un portal de Inter-net al Ministerio de Educación. Varsavsky estrenó su nueva condición en la cumbre de Davos, adonde concurrió junto a Adalberto Rodríguez Giavarini. Desde allí realizó estas declaraciones: "Me he propuesto convencer a los empresarios europeos para que dejen de coimear en nuestros países". La frase tiene doble filo: agrede a las compañías del Viejo Mundo, pero también sugiere que existen funcionarios corruptos comprados por ellas. Seguramente Giavarini, que visita desde hoy Francia, deberá comenzar dando explicaciones por su nuevo diplomático.
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Varsavsky decidió estrenar su cargo diplomático en Davos, haciendo un homenaje a la comunidad de negocios europea, a la que Rodríguez Giavarini seguramente habrá querido seducir. El embajador dijo que «las empresas europeas sobornan en Latinoamé-rica, y los estadounidenses no pueden, por eso uno de mis propósitos es tratar de convencer a las empresas europeas para que dejen de sobornar».
Un prelado español observó al canciller Rodríguez Giavarini mientras rezaba, hincado, en la Catedral de Santiago de Compostela y lo definió: «No lo tocan las moscas». Guido di Tella vio esa pulcritud como un pecado: «Su mal es el formalismo», acusó, burlón, la semana pasada. Ahí está Varsavsky para los que pedían algo de informalidad en la política exterior. Tan evidente fue la falta de tacto diplomático, que un veterano profesional «de la casa» se refirió a él afirmando que «tiene menos calle que Venecia».



