29 de enero 2001 - 00:00

"Que los europeos dejen de coimear"

El aburrimiento que se le atribuyó, desde la propia publicidad de campaña, a Fernando de la Rúa, parece ampliamente compensado por el desenfado de algunos integrantes de su círculo más estrecho. El empresario Martín Varsavsky es un buen ejemplo. La Cancillería acaba de designar embajador a este empresario, que donó un portal de Inter-net al Ministerio de Educación. Varsavsky estrenó su nueva condición en la cumbre de Davos, adonde concurrió junto a Adalberto Rodríguez Giavarini. Desde allí realizó estas declaraciones: "Me he propuesto convencer a los empresarios europeos para que dejen de coimear en nuestros países". La frase tiene doble filo: agrede a las compañías del Viejo Mundo, pero también sugiere que existen funcionarios corruptos comprados por ellas. Seguramente Giavarini, que visita desde hoy Francia, deberá comenzar dando explicaciones por su nuevo diplomático.

Adalberto Rodríguez Giavarini había calculado que su visita a Davos sería apacible. No estaría Fernando de la Rúa, quien como todo presidente en viaje demanda atención hasta el agobio del canciller; tampoco debería preocu-parse por las pujas de escenario con José Luis Machinea, ausente de la cumbre en Suiza. Pero las previsiones del ministro no fueron del todo correctas. El error fue menospreciar el papel que tendría Martín Varsavsky, empresario amigo del hijo menor del Presidente, a quien recientemente han designado embajador extraordinario y plenipotenciario del país.
Varsavsky
decidió estrenar su cargo diplomático en Davos, haciendo un homenaje a la comunidad de negocios europea, a la que Rodríguez Giavarini seguramente habrá querido seducir. El embajador dijo que «las empresas europeas sobornan en Latinoamé-rica, y los estadounidenses no pueden, por eso uno de mis propósitos es tratar de convencer a las empresas europeas para que dejen de sobornar».

Después de una reunión con el presidente mexicano Vicente Fox y antes de otra con el financista George Soros, Varsavsky expuso su diagnóstico: «Antes había problemas de corrupción que hacían que las empresas estadounidenses quedaran en desventaja, porque tienen leyes contra el soborno, y todas las europeas sobornan». Por suerte, el diplomático aclaró que eso era «antes»: no vaya a ser que a De la Rúa le estuviera saliendo otro Carlos Chacho Alvarez.

De todos modos, con esa aclaración no desdibujó el «halago» dirigido a los europeos y que peca de alguna falta de rigor histórico. En efecto, la coima más importante que investigó la Justicia en la Argentina se debió a una empresa estadounidense, IBM, en el escándalo por la contratación de un sistema informático para el Banco Nación. Tal vez Varsavsky desconocía ese antecedente, dada la prolongada ausencia que lo alejó de la Argentina. O tal vez no haya querido computarlo, un poco por orgullo profesional -el caso se produjo en el sector de la computación, donde este empresario se desempeña-y otro poco por no herir a su compañero de banco en el portal Educ.ar, Domingo Cavallo: el «affaire» que no re-cordó Varsavsky ocurrió durante la época en que el ex ministro manejaba el banco a través de su fidelísimo Aldo Dadone.

Un prelado español observó al canciller Rodríguez Giavarini mientras rezaba, hincado, en la Catedral de Santiago de Compostela y lo definió: «No lo tocan las moscas». Guido di Tella vio esa pulcritud como un pecado: «Su mal es el formalismo», acusó, burlón, la semana pasada. Ahí está Varsavsky para los que pedían algo de informalidad en la política exterior. Tan evidente fue la falta de tacto diplomático, que un veterano profesional «de la casa» se refirió a él afirmando que «tiene menos calle que Venecia».

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