A mediados de ese año, la institución aportó unos 2.500 millones de dólares para la reestructuración del sistema financiero, tras el efecto tequila.
El condimento adicional de esta situación es el cambio de objetivo que sufrió el Fondo Fiduciario. Primero arrancó destinado a los bancos, luego se amplió a las compañías de seguros (aunque no se incluyó a ninguna).
El 31 de diciembre de 2002 se incluyó también a empresas de salud y de servicios culturales, incluyendo medios de comunicación. Por lo tanto, fue redenominado como Fondo Fiduciario para la Reconstrucción Empresaria. Se estima que el dinero iría dirigido a obras sociales y a multimedios fuertemente endeudados.
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