El gobierno enviará esta semana un proyecto de ley de reforma de los entes de control de los servicios públicos privatizados con la intención de producir una reducción de su estructura y un relevo de su actual composición con nuevos integrantes que surjan de concursos públicos. Esta fue la principal decisión que tomó ayer el Gabinete de Ministros que se reunió con Chrystian Colombo y esa misión se le encomendó a Carlos Bastos, ministro de Infraestructura.
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La reunión repasó también las crisis del día, como la de Aerolíneas Argentinas, la huelga del fútbol y, en ausencia de Domingo Cavallo, la marcha de la reforma de los ministerios. Como no estaban todos los ministros (ausente también Adalberto Rodríguez Giavarini) no se avanzó más que en la confirmación de las reformas ya aprobadas por el Presidente: la división de Comunicación (que pasa a Nicolás Gallo incluyendo al COMFER) y Cultura (la retiene Darío Lopérfido).
De la Secretaría de la Función Pública no se volvió a hablar. La salida de Chacho Alvarez de la Alianza para pasarse a la oposición lo deja a Marcos Makón sin su principal padrino. Su otro sponsor, el ministro de Economía, será consultado sobre si quiere asumir la tutoría del funcionario que camina por los despachos oficiales hace casi ocho meses con una maleta con rueditas sin aposentarse en ningún despacho (pasó por Vicepresidencia, Jefatura de Gabinete, Economía y Desarrollo Social).
Tal demora provocó que, por ejemplo, Patricia Bullrich presentase dos proyectos alternativos de reforma del Ministerio de Trabajo. Uno incluye el área de Seguridad Social y el otro no. Como nadie le define si Seguridad Social pasa o no a la Jefatura de Gabinete resolvió apartarse de la pelea y que decida el Presidente cuándo y cómo se hará la reforma. «Yo cumplí», remató.
La idea del gobierno sobre los entes de control recoge viejas ideas de Alvarez y de José Luis Machinea. El ex vicepresidente insistió siempre en que esos organismos estaban colonizados por las empresas que debían controlar, pese a que puso gente propia en el ente que se ocupa de los aeropuertos (el novelista Eduardo Sguiglia) y en la SIGEN (el poeta Rafael Bielsa). También que debían ser renovados por concurso en la totalidad de su integración.
Machinea completaba la idea con una reducción al máximo de su estructura, avanzando incluso en la creación de un megaente que controlase a todos los servicios públicos, idea que sí emprendió en la Capital Federal Aníbal Ibarra cuando asumió la jefatura porteña.
Este debate sobre la reforma se trasladó en la tarde de ayer a Olivos, adonde ha despachado Fernando de la Rúa los asuntos de gobierno en las últimas 48 horas. Allí lo discutieron el dueño de casa, Domingo Cavallo y Colombo entre las 19.30 y 20 de anoche, luego de que dejase el chalet presidencial el novelista Marcos Aguinis, que sólo pasaba para dejar una copia de su último libro, que lleva un título alentador: «El atroz encanto de ser argentino».
Relaciones
La decisión del trío fue esperar a definir el nuevo gabinete a que decanten las nuevas relaciones con el Frepaso. El Presidente sólo produjo una confirmación, la de Bielsa en la SIGEN, a quien llamó el lunes por la noche, en medio de la larga cena que tuvo con Ricardo Ostuni, Colombo y Patricia Bullrich, para solidarizarse por el atentado. ¿Cómo no confirmarlo en el cargo, además, en medio de tanta desgracia y después de que se fuera su padrino Alvarez?
El Presidente escuchó además un aval de Cavallo a la idea de Bastos de una nueva ley de órganos de control, la aclaración sobre sus dichos en torno al ALCA y al Mercosur (ver inf. en pág. 12) y un no relato de la renegociación de la deuda. Las normas de la Securities Exchange Comission le impedían dar -se justificó- detalles aunque fuera en el secreto más lacrado de Olivos.
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