El jefe del servicio médico del campo de concentración nazi de Auschwitz (Polonia), Josef Mengele, apodado el «Angel de la muerte», nunca se arrepintió, según indican documentos de su autoría escritos en los últimos años de su vida en Brasil, revelados por el diario «Folha de Sao Paulo».
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El diario divulgó entre el domingo y ayer pasajes de 85 documentos que fueron encontrados en los archivos de la Policía Federal de San Pablo, ciudad en la que ese médico alemán se escondió durante los últimos años de su vida, hasta su muerte, el 7 de febrero de 1979, en una playa de la localidad de Bertioga. Esos documentos, que también incluyen 13 páginas de su diario íntimo, fueron decomisados por la policía brasileña en 1985, pero hasta ahora su contenido no había sido revelado.
De acuerdo con «Folha», gran parte de esos documentos consiste en correspondencia que Mengele sostuvo con su amigo Wolfgang Gerhard, cuya identidad y documentos usó para vivir en Brasil.
En uno de los apartes de su diario Mengele «lamenta» que Albert Speer, el arquitecto del nazismo, se hubiera mostrado arrepentido. «El se disminuyó, muestra arrepentimiento, lo que es lamentable», dice. Además, en una carta escrita a máquina el 3 de setiembre de 1974 «mencionó con ironía a los judíos».
• Dificultades
Según indican algunas de sus cartas remitidas a Gerhard, el médico alemán tuvo la intención de regresar a Austria en 1974, pero finalmente no pudo hacerlo principalmente por las dificultades económicas que enfrentó durante sus últimos años de vida en Brasil.
Mengele fue jefe del servicio médico de Auschwitz entre 1943 y 1945, donde utilizó a los prisioneros como cobayos en crueles experimentos seudocientíficos. Tras escapar en 1948 de Alemania, vivió inicialmente en la Argentina, luego en Paraguay y finalmente en Brasil.
El matutino reveló que la situación financiera del «Angel de la muerte» se volvió « crítica» a partir de 1974, cuando debió vender el departamento que tenía en San Pablo. Según el matutino, el dinero que recibía por el alquiler de ese apartamento era «vital» para Mengele, pues con él financiaba los gastos que le demandaba comprar documentos falsos y el silencio de las personas que conocían su verdadera identidad.
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