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6 de marzo 2007 - 00:00

Say no more

El economista Roberto Cachanosky sostiene en un artículo publicado en el sitio de Internet economiaparatodos.com.ar que el gobierno no tiene en cuenta la ley de Say, según la cual «la oferta crea su propia demanda» y que, al contrario, se rige por su inversa, postulada por Keynes, por la cual el exceso de demanda se traduce en aumento de la inflación. «Podrán dinamitar el INDEC, pero problema será agudo», dice.

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  • La actual política económica pone el acento en el consumo, pero se despreocupa de las condiciones necesarias que permiten producir. Por eso, la demanda crece más rápido que la oferta y, en consecuencia, los precios suben y la inflación aumenta.

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  • No hace tanto tiempo, la ministra Felisa Miceli dijo que prefería un poco de inflación a la paz de los cementerios. Imagino que en este momento, en que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, tiene que pelearse hasta con el precio de la lechuga y el gobierno está en abierto conflicto con el INDEC, Miceli debe preferir un poco la paz de los cementerios antes que tanto desborde en el tema inflacionario.

  • Miceli comparte la filosofía económica del gobierno, que supone que la emisión monetaria es un buen estimulante de la actividad económica y cree que una vez lanzado a la droga de la emisión podrá controlarla.

  • Desde el gobierno creen haber inventado la pólvora en materia de política económica y suponen que lograron un nuevo paradigma de crecimiento cuando, en rigor, no hacen otra cosa que seguir los pasos de John M. Keynes, quien había sido refutado por Jean Baptiste Say muchos años antes de que el economista inglés escribiera su famosa Teoría General.

  • El problema que tiene el gobierno es que cree que la moneda es escasa y que la cantidad de bienes y servicios en la economía está dada. Cree que ya existen esos productos y lo que se necesita es más moneda para poder comprarlos. Por eso, pone el acento en el consumo.

  • El resultado es que, por un lado, la demanda crece más rápido que la oferta y los precios suben y, por otro lado, la cantidad de dinero en circulación sostiene y acelera el proceso inflacionario.

  • Es fácil advertir que el modelo de incentivar la demanda en detrimento de la inversión y la producción es insostenible en el largo plazo. En consecuencia, cuando la inflación tenga un desborde mayor que el actual, la economía tendrá que desacelerarse para no correr el riesgo de perder totalmente el control de la inflación.   

  • Podrán dinamitar el INDEC, pero el problema inflacionario igual va a ser más agudo de lo que es actualmente y, en ese momento, la fiesta de consumo habrá terminado.

  • En el sector energético, por ejemplo, al mantener artificialmente bajas las tarifas de la energía en las casas de familia, el gobierno estimula el consumo de gas y de energía eléctrica. Las tarifas congeladas desestimulan la inversión en el sector y generan el doble problema de más consumo y menor oferta. Es el típico caso de estimular artificialmente el consumo en detrimento del aumento de la oferta. Lo mismo pasa con la carne, los bienes que tienen los precios congelados, el combustible y el transporte público.   

  • Este gobierno no es original con su política económica ni ha inventado la pólvora. Sólo está siguiendo el mismo curso que siguieron otros gobiernos que terminaron en estrepitosos fracasos.
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