En realidad, las noticias fueron mayoritariamente malas: el petróleo que trepaba a u$s 66,83 por barril, el inicio de nuevas casas que se desmoronaban 8,9%, Apple y eBay que se sumaban a la ristra de empresas en cuyos balances gana lo malo, el dólar y los bonos en baja, Bin Laden reapareciendo con nuevas amenazas, etcétera. Frente a esto, apenas los buenos balances de AMD, Merrill Lynch y Pfizer, Disney intentando comprar Pixar y el oro en calma. Sumando y restando, la conclusión podría haber sido que había más a favor de una baja que de una suba. Pero esto implicaba dejar de lado el que fue (y ha venido siendo) el factor más importante en la motorización del precio de las acciones: la simple y llana intuición (ganas, antojo, o como se lo quiera llamar) de los inversores. Viendo que la debacle amenazó disparar el desplome nipón no llegaba, esto fue tomado como una señal necesaria y suficiente de que todo lo vivido en las últimas horas no fue nada más que una clásica corrección en un mercado de rally, y así Dow trepó 0,24% a 10.880,7 puntos.
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Si algo confirmó la recuperación que tuvieron las acciones niponas, es que el derrumbe del miércoles se vinculaba más con una cuestión sectorial (empresas tecnológicas) que regional. Aunque la prensa en general y los analistas "light" en particular fijaron su mirada en los problemas de Livedoor, lo cierto es que fue casi imposible decir quién pesó más sobre el ánimo de los inversores: si el escándalo de la punto com o los desilusionantes balances de Intel y Yahoo!. Si bien parece válido generalizar que no se recuperó todo lo perdido 48 horas atrás (a 2,9% perdido el miércoles se contrapuso una suba de 2,3% para el promedio de las Bolsas del plantea), tal vez lo más importante de lo vivido se relaciona con el altísimo grado de sensibilidad mostrada por el mercado a una "auténtica mala noticia" y la velocidad demostrada por los inversores para lanzarse en busca de la seguridad. Conclusión: estar atentos a que el mercado está nervioso y todavía no se dijo la última palabra.
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