Los senadores peronistas se propusieron darles una mano a los gobernadores, demorando la ratificación parlamentaria del acuerdo Nación-provincias suscripto el lunes. Según la óptica mayoritaria del bloque conducido por José Luis Gioja, los mandatarios del PJ no tienen apuro en que se cumpla este trámite, a la espera de que el gobierno cumpla con algunas de las promesas que les hizo. Se trata, claramente, de una simple formalidad, ya que nadie está pensando en cambiar una coma de lo firmado.
Con esa premisa, Gioja y compañía comenzarán hoy a cursar invitaciones a José Manuel de la Sota, Carlos Ruckauf y Carlos Reutemann, entre otros, para que expongan sobre el pacto el martes próximo en la habitual reunión de bancada.
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Se supone que, de esas clases magistrales, saldrá la obvia confirmación de aprobar, primero en comisión y luego en el recinto, el convenio que congela el gasto hasta 2005. Anoche, los legisladores se juramentaron iniciar gestiones con sus respectivos gobernadores.
Hay una circunstancia que puede conspirar contra la asistencia de primeras figuras. Porque es cierto también que esta demora servirá de pretexto para que algunos senadores descarguen cierto malestar hacia los gobernadores. Augusto Alasino y otros representantes de distritos que no están gobernados por el justicialismo (o que se llevan mal con los mandatarios propios) se quejaron, en varias ocasiones, de que son «usados» por los gobernadores. «Nos llaman cuando nos necesitan y nos desprecian cuando no nos precisan», se le escuchó decir a Alasino durante una reunión de bloque. Lo escucharon, sin replicarle, el chubutense Osvaldo Sala, el formoseño Ricardo Branda, el rionegrino Remo Costanzo y el pampeano Carlos Verna, entre otros.
Este malestar se hizo indisimulable en plena crisis por los supuestos sobornos. En esa etapa, los gobernadores no fueron solidarios, a ojos de los legisladores, y en lugar de respaldarlos en el mal momento pasaron de pedir la cabeza de los sospechados -por caso, Ruckauf o Néstor Kirchner-a mostrarse prescindentes, como Reutemann.
Gioja trató de recomponer lazos -y lo logró- con el fogoneo del frustrado bono Brady para el interior, que fue incorporado en la Cámara alta a la Emergencia Económica y eliminado en la revisión posterior en Diputados. Este desfile de caudillos provinciales, entonces, podrá ser el pretexto ideal para que los enojados pasen facturas ante la propia cara de los mandatarios.