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Martín Redrado
Además del nerviosismo generalizado de los inversores del mundo, a la Argentina le juega especialmente en contra la manipulación de los datos de inflación. La comunidad inversoralo considera un «segundo default», luego del sucedido en 2001, y por eso hay un castigo especial sobre los bonos argentinos. Dificulta aún más, por supuesto, la posibilidad de recuperar acceso a dinero fresco en los mercados.
La solvencia fiscal, que por el momento no corre peligro pese a que el gasto continúa aumentando por encima de 35% en términos anuales, se complementa con el récord de reservas del Banco Central. «Las reservas no pueden ser vistas como un ahorro que se gasta cuando hace falta. Hay que considerarlas como un reaseguro que tiene el Estado argentino para hacer frente a las crisis», enfatizan desde la entidad que preside Martín Redrado. No quieren ni oír hablar de utilizar parte de las divisas para otras cuestiones, que van desde necesidades sociales hasta cancelar la deuda con el Club de París. No se optará por alternativa alguna mientras continúe la turbulencia internacional.
Nadie tiene una respuesta respecto de la profundidad que tendría esta crisis financiera, y ahora también económica, en Wall Street. Pero las discusiones en el ámbito académico pasan ya no por el nivel de la baja de tasas por parte de Ben Bernanke, el titular de la Reserva Federal, sino por el momento en que éstas empezarán a subir.
El consenso es que la economía norteamericana ya está virtualmente en recesión, pero con las agresivas políticas de reducción de tasas (mañana bajarían de 3% tal vez a 2%) y fuertes inyecciones de liquidez, las autoridades conseguirán suavizarla. Hacia el último trimestre de 2008, las cifras deberían mostrar la salida de este ciclo negativo.
Si todo se da de acuerdo con este escenario (probablemente, el más benigno), está por verse de qué manera la Fed evita que se forme otra burbuja como provocó la tasa a 1% en los primeros años de este siglo en los Estados Unidos, durante la gestión de Alan Greenspan. Quienes observan el recorrido de la crisis «subprime» consideran que fue esta reducción de tasas tan agresiva (y mantenerlas allí durante demasiado tiempo) lo que engendró la especulación alrededor de los inmuebles y los productos financieros derivados de créditos hipotecarios a consumidores que no calificaban.
Claro que la recuperación de esta aguda crisis del sector financiero aún parece demasiado lejana, mientras nadie tiene todavía muy claro cuánta pérdida les queda por blanquear a los principales bancos del mundo.




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