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24 de junio 2008 - 00:00

Señal del Central: el dólar quedará bajo por varios meses

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Con leves ventas en el mercado contado y más intensas en el de futuros, el Banco Central transmite una señal que el mercado aún observa con incredulidad: el dólar permanecerá en niveles cercanos a los actuales en los próximos meses, es decir, por debajo del rango de $ 3,15 a $ 3,20 que supo tener hasta mayo pasado.

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¿Implica esto el abandono de la política de dólar alto, uno de los pilares del gobierno? No precisamente. En realidad, el tipo de cambio se venía erosionando de manera acelerada no por la caída del valor nominal del dólar, sino por la fuerte aceleración de la inflación. El nuevo esquema de dólar desinflado, menor inyección de pesos y tasas de interés más altas debería ayudar para reducir la presión inflacionaria. La falta de productos por el conflicto con el campo complica, pero sólo en el corto plazo. Más complicada es, en cambio, la falta de un índice riguroso de inflación, ya que atenta contra las expectativas de los consumidores.

Mientras que el tipo de cambio mayorista cerró en el Mercado Abierto Electrónico (MAE) por debajo de $ 3,02, en los contratos a futuro lo hizo de la siguiente manera: para fin de junio el dólar quedó a $ 3,031 (una disminución de 0,17% respecto del cierre del viernes), para julio ajustó a la baja a $ 3,043, y en agosto el nivel llegó a $ 3,055 y para setiembre quedó en $ 3,072.

  • Tasas atractivas

  • Aún más notorio es que los inversores que procuren asegurarse divisas a fin de año podrán hacerlo a $ 3,11 si adquieren contratos de futuro con fecha diciembre 2008. Implica, desde otro punto de vista, que en los próximos seis meses el aumento esperado de la cotización no llega a 3%.

    Las tasas lucen mucho más atractivas, sobre todo luego del gran salto de mayo y la primera quincena de junio. La BADLAR ( rendimiento de plazos fijos para inversores mayoristas a 30 días) pasó de 8% a 17,5% anual, es decir, se duplicaron en 45 días. Y si bien puede parecer un incremento exagerado, en la entidad que preside Martín Redrado consideran que es un nivel «razonable» considerando la prioridad que hoy tiene el sistema financiero: recuperar los depósitos perdidos.

    En los bancos se respiró cierto alivio desde la semana pasada, ante el lento retorno de los inversores mayoristas, tras una intensa caída de depósitos entre abril y la primera quincena de junio. Esto se reflejó en la suba de plazos fijos, que pasaron de $ 57.500 millones a principios de mes a más de $ 59.000 en los últimos días. Casi todo el incremento de estos $ 1.500 millones correspondió a las AFJP, que recibieron dinero fresco al vender bonos al gobierno y también por los flujos de sus clientes. Para los fondos de pensión, asegurarse una tasa anual superior a 17% representa una gran oportunidad, al menos para compensar la fuerte caída de rentabilidad por el derrumbe de los títulos públicos.

    La contracara es que el público sigue siendo demandante neto de dólares. La gente hoy prefiere la seguridad de las divisas (y comprarla a valores notoriamente más bajos que en los últimos dos años) que conseguir mayores ganancias con colocaciones a plazo. Este fenómeno se percibe con la caída de los depósitos en cajas de ahorro: cayeron más de $ 1.000 millones en lo que va de junio (de $ 33.200 millones pasaron a $ 32.200 millones) y acumulaban una pérdida de más de $ 3.000 millones desde el inicio de la crisis con el campo. Es dinero que tenía como destino el consumo y fue destinado a la compra, pero de dólares. No será fácil que esos saldos dolarizados vuelvan al circuito: son pocos los que están dispuestos a asumir la pérdida de haber comprado a un valor y vender a otro mucho más bajo.

    Resta saber ahora qué ocurrirá cuando ingresen más dólares por la venta de cosecha, que en las últimas horas retomó un ritmo casi normal. Se espera que a partir de julio el Central retome la compra de divisas, pero lo hará de manera muy cautelosa y sólo acompañaría el mayor ingreso de dólares, que por otra parte estaría lejos de convertirse en un aluvión. Además, existe mayor demanda de divisas de importadores y de compras especulativas, con lo que el trabajo del BCRA estará lejos de ser intenso.

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