Un número significativo de inquilinos de Alto Palermo SA (APSA), propietaria de la mayoría de los centros comerciales de la Argentina, estaría protagonizando una por ahora silenciosa rebelión. Lo que la provocó es una polémica muestra de cadáveres «artísticos» que se exhiben en el Abasto Shopping Center, propiedad de la citada empresa del grupo IRSA.
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La protesta no tiene que ver con el indudable mal gusto de la exhibición, sino con motivos religiosos: sucede que muchos de esos inquilinos profesan la fe judía, cuyas leyes («Halajá») no sólo no permiten mostrar el cuerpo de los muertos (los velatorios del judaísmo se realizan sin excepciones a ataúd cerrado), sino que, además, indican que los sepulcros son eternos y que los restos allí depositados no podrán ser removidos, salvo casos excepcionales y con supervisión de rabinos. De hecho, la televisión y los medios gráficos de Israel jamás reproducen imágenes de las víctimas fatales de atentados terroristas, justamente por obediencia a esas leyes.
«Lo que hizo APSA viola todas las leyes halájicas y del buen gusto; es imperdonable porque los dueños dicen ser judíos practicantes y además hacen gala de una profunda religiosidad. No se entiende cómo autorizaron colocar esta muestra en Abasto, que además está en un barrio que es el corazón de nuestra comunidad», dijo a este diario uno de los comerciantes que ya expresó su disgusto a la gerencia de la empresa.
Sin embargo, en una llamativa -pero cada vez menos infrecuente-conjunción, los inquilinos judíos estarían acompañados en el reclamo por comerciantes que profesan otras religiones.
Básicamente, lo que se pide es el levantamiento de la muestra «Bodies» («Cuerpos»), que así se la denomina. La excusa que justifica esta exhibición es «educar a la gente sobre el cuerpo humano», propósito que se habría conseguido también utilizando maniquíes y no cadáveres humanos, «y sin apelar al morbo de cierto sector del público», dice el comerciante.
La entrada dista de ser gratuita: cuesta $ 30, monto que se reduce a $ 24 para mayores de 65 años (nadie se anima a preguntar el porqué del descuento), pero no hay ninguna limitación para el ingreso de chicos, salvo la «recomendación» de que lo hagan acompañados por un adulto.
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