15 de enero 2007 - 00:00

Siguen presiones aquí para subir las naftas

La perspectiva de que el precio del petróleo rondará entre 52 y 55 dólares en el mercado internacional hasta mediados de año alivia relativamente las presiones sobre los precios internos de los combustibles. Porque también hay que considerar la escasez de gasoil frente a la demanda local, sobre todo en los meses de alta demanda del sector agrícola.

Por el esquema de retenciones a la exportación, a un valor de 55 dólares por barril, el Estado se queda con 17,07 dólares y la petrolera con 37,93 dólares. Este último es, a su vez, el valor que pagan las refinerías a las petroleras en el mercado local.

  • Alivio

  • Pero cuando el petróleo cuesta más de u$s 55, como por ejemplo u$s 65, la retención sigue ubicándose en 45%, de modo que el Estado percibe 20,18 dólares; y la petrolera, u$s 44,82. Pero a partir de ese nivel, la productora de crudo aplica un adicional a las refinerías locales que oscila según los contratos y que ahora queda sin efecto con una cotización internacional inferior a 55 dólares.

    Este alivio para las empresas que refinan queda por ahora parcialmente compensado porque no sólo el valor del crudo, sino también el de las naftas están en baja en el mercado internacional, debido a que los stocks de EE.UU. están en aumento y se cree que hubo cierta retracción de la demanda en ese país.

    Las petroleras que refinan en el mercado local cuentan con un valor del crudo menor al internacional y con las exportaciones de naftas y lubricantes que tienen una retención de sólo 5%. Según el gobierno, esas dos condiciones son las que les permiten a las petroleras mantener congelados los precios internos de los combustibles desde 2003.

    El esquema es resistido por las compañías que sólo producen petróleo como Pan American Energy y Chevron porque afirman que las refinerías se benefician con la exportación de naftas, destiladas desde un precio del crudo calculado con una retención mucho mayor que la exportación.

  • Rentabilidad

    Por su parte, las compañías que no tienen petróleo propio, como Shell y Esso, sostienen que el modelo aplicado por el gobierno no les permite obtener una rentabilidad razonable, porque los precios de exportación de naftas vienen en descenso desde 2005, y sólo tuvieron precios récord cuando el huracán Katrina arrasó refinerías en el golfo de México.

    Shell, en particular, cuyo presidente Juan José Aranguren se resiste a la política de mayor intervencionismo del Estado, considera que el esquema oficial no compensa la pérdida que produce la importación de gasoil para afrontar la escasez del producto en el mercado local. Las demás petroleras también reconocen la pérdida por importar, pero en mayor o menor volumen, terminaron comprando el producto en el exterior en los últimos dos años.

    Por otra parte, más allá de cómo evolucione la cotización internacional, hay otra presión sobre los precios de los combustibles que proviene de la particular situación de las estaciones de servicio.

  • Reclamo

    Estas bocas de expendio están reclamando una recomposición del margen que perciben, el cual se encuentra congelado en sintonía con los precios al público, mientras los costos tienen aumentos. Hay además un reclamo salarial de los trabajadores de los surtidores que por ahora no tiene solución, porque sólo está asegurado el ajuste para las estaciones propias de las petroleras. Para el resto, en el caso de pertenecer a una red de las refinerías, las petroleras prometieron analizar cada caso para definir una ayuda por ahora sólo probable. Por último, quedan las estaciones blancas, sin bandera, a las que el gobierno prometió un subsidio por seis meses para pagar la suba salarial, pero todavía no definió los términos de esa subvención.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar