2 de abril 2008 - 00:00

Sufren más sectores el desabastecimiento

Pascual Mastellone
Pascual Mastellone
La producción de gaseosas también entró en zona de riesgo: la falta de azúcar, fructuosa y materias primas para hacer los jarabes básicos amenazan con dejar sin colas, naranjadas y hasta bebidas isotónicas las góndolas argentinas. Estos productos ya están faltando en las plantas donde las dos principales marcas elaboran sus refrescos. Y si bien en una de ellas aseguran que «por ahora no estamos en crisis», admiten también que «si esto sigue, van a faltar las bebidas».

Cervecería y Maltería Quilmes es la licenciataria para la Argentina de todas las marcas de Pepsico; por su parte la mexicana FEMSA lo es de Coca-Cola; la primera, además, es la principal productora de cerveza del país y en este campo -dice una alta fuente-«no estamos teniendo problemas: nuestros stocks de maltas y cebada por ahora son suficientes; además, está terminando la época de mayor consumo del año».

En tanto, los lecheros -que en los últimos días estuvieron quejándose veladamente por los cortes de ruta-salieron ayer con los tapones de punta a romper con el sector agrícola al denunciar «la utilización de metodologías de protesta que atentan contra los intereses de toda la cadena productiva y de los consumidores».

Sin embargo, fuentes del campo atribuyeron al comunicado emitido ayer por el Centro de la Industria Lechera a «obvias presiones del gobierno para quebrar el frente agroindustrial». El Centro, cabe apuntarlo, está « inspirado» por Mastellone Hermanos y SanCor, las dos mayores empresas del sector del país. Pascual Mastellone, igual que muchos de sus colegas de otros sectores industriales, viene manifestando desde hace tiempo su apoyo a las políticas oficiales; por su parte la cooperativa tiene pendiente nada menos que su salvataje a manos de un

Pascual Mastellone desembolso que ya debería haber efectuado el gobierno de Venezuela, que aceptó financiarla a cambio de leche en polvo y aporte de tecnología.

  • Datos

    Aun con estas salvedades, la postura de los lecheros aporta datos interesantes; por caso, que las empresas del sector -tal como adelantó este diario ayeraún no han debido descartar grandes volúmenes de leche fluida por no poder procesarla o almacenarla, pero que esto inevitablemente comenzará a suceder en caso de prolongarse el conflicto.

    Agrega que «las empresas radicadas lejos de los principales centros urbanos debieron interrumpir la recolección de leche en algunas zonas puntuales del país y se vieron impedidas de efectuar el normal abastecimiento, produciéndose importantes faltantes de oferta de productos lácteos.»

    Luego de relatar las penurias del sector -similares a las de otras cadenas alimentariasentre las que se cuentan cambios de programas de elaboración hacia productos menos perecederos; suspensión de las operaciones en ciertas áreas de elaboración; decomiso de leche y productos lácteos por el deterioro de su calidad, advierte sobre «la interrupción por más de 15 días de la facturación trae el corte, que se producirá en los próximos días, de la cadena de cobranza y el no cumplimiento de los compromisos de provisión a los mercados consumidores».

    Otro sector también muy complicado es el de los frigoríficos; varios de los más paradigmáticos del sector ya anunciaron la suspensión de sus actividades por no tener animales faenados para procesar. Algo similar a lo que anunció ayer este diario con el frigorífico porcino Paladini, que no está faenando porque sus cerdos no reciben alimentos balanceados, pierden peso y resulta antieconómico procesarlos. Y además, aún cuando decidieran avanzar con el sacrificio de cerdos enflaquecidos por falta de alimentos, no tendrían cómo hacer llegar los fiambres a los consumidores, habida cuenta de los cortes de ruta que impiden el tránsito de productos alimentarios.

    En tanto, continúan las dificultades en el abastecimiento de otras materias primas no alimentarias -envases de cartón, insumos químicos para los laboratorios medicinales, autopartes, etc.- pese a no tratarse de productos de la cadena agroindustrial. Sucede que cada corte de ruta es un mundo aparte, y la decisión de dejar pasar o no a los camiones es tomada «in situ» por los propios productores rurales que los realizan. De todos modos, entre los industriales consultados -que por estos días han hecho casi una cuestión de honor no aparecer con nombre y apellido en los medios, seguramente por temor a represalias oficiales- había ayer un moderado optimismo de que la situación tendería a normalizarse. Se verá.
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