15 de noviembre 2002 - 00:00

Suspensión de remates frustró acuerdo FMI

Gran cantidad de pulsos telefónicos consumió entre ayer y anteanoche Roberto Lavagna con la Casa Rosada. Lo último: avisó desde Washington, a las 20, su última reunión con Anne Krueger, dama del FMI con la que el ministro no mantiene la mejor de las relaciones. El dato más significativo para el país era que persistían las conversaciones con el Fondo a pesar de que el gobierno no honró su compromiso con el Banco Mundial de 805 millones de dólares y, como una seña de buena voluntad, depositó 79 millones por pago de intereses. La breve historia de llamados había comenzado a las 21 del miércoles.

A esa hora, mientras Eduardo Duhalde estaba con José Pampuro, Alfredo Atanasof y como invitado Antonio Cafiero, entró la primera llamada del ministro viajero: transmitió noticias poco alentadoras. Según dijo, no había sido feliz el último encuentro con los directivos del FMI, tanto que un representante alemán -molesto-se retiró del encuentro. Parecía imposible, por lo tanto, acordar siquiera un comunicado conjunto anticipando un eventual acuerdo (la aspiración argentina o, más precisamente, de Duhalde) ya que las discrepancias entre las partes eran difíciles de salvar: sobre 60 ítem del acuerdo, sólo en 30 se habían alcanzado entendimientos. Para Lavagna, sin embargo, en la mayoría de las diferencias había cuestiones formales -»el repaso técnico ya se ha hecho bien varias veces»-, pero quedaban puntos de compleja solución. Al menos, para su ministerio.

Como siempre dice el gobierno, utilizando el lenguaje de Oscar Bonavena, la gente del FMI había vuelto a «mover el banquito» y exigía nuevos compromisos. No todos de igual envergadura. A saber: impedir que el Congreso vuelva a tocar la Ley de Quiebras -proyecto inspirado en el monopolio «Clarín» que habían impulsado algunos diputados opositores que trataron de sesionar con quórum propio-y, fundamentalmente, rever la nueva suspensión de las ejecuciones, bajo el justificativo de que se volvió a alterar la normalidad jurídica y no había ningún elemento sustentable que explicara la promesa de que en febrero o marzo se restituiría ese derecho de los acreedores. Por el contrario, hasta piensan que hacia el futuro será más dura e improbable esa reivindicación legislativa ya que estará sometida a los intereses propios del futuro avance del proceso electoral. Bajo esas condiciones, cree el organismo, la Argentina no recuperará el crédito en ninguna parte.

También se pide con menos rigor alguna fecha para la sanción del presupuesto 2003 (algo que no figura en la cabeza del Presidente y en lo que Lavagna, por cuestiones personales, sospecha que tendrá más de un problema), la eliminación de los planes de competitividad instalados por Domingo Cavallo y la promesa de que no habrá moratorias impositivas. Tras este diálogo, quedaba el interrogante: ¿se pagan o no al día siguiente los 805 millones? Duhalde dijo que hablaban dos horas más tarde y se puso a conversar con sus amigos, no citados exactamente para estas cuestiones (además, poco y nada pueden aportar).

Si se paga ahora y no hay acuerdo, será necesario enfrentar nuevos vencimientos en diciembre mucho más apremiantes en montos (925 millones). O sea, como el cuento africano del «dunga dunga o muerte», siempre «dunga dunga», concluyeron. Mejor, entonces, cambiar la idea original de desembolsar reservas. Además, se convino, ésta no es una cuestión sólo de Duhalde -ya que atañe al Congreso-y, por lo tanto, convoquemos a los gobernadores y que entre todos se decida si se quiere continuar con los organismos internacionales o no. El hecho de suspender el pago de 805 millones y colocarse en default formal será un acicate para los jefes provinciales y sus delegados en el Parlamento, quienes saben que en el futuro ya no se podrán pagar los sueldos. A las 11, entonces, Duhalde acordó con Lavagna no pagar pero no romper la negociación mostrando una «luz» (jerga lúdica) de 79 millones por los intereses como muestra de buena voluntad.

•Clima

Ayer, al mediodía, Duhalde volvió a conversar con Lavagna, quien como un meteorólogo reveló que el clima en el FMI estaba mejor, que se reunía con la Krueger y que visitaría al BID (también, seguramente, desmintió la versión de que la Krueger, indignada con él, se había retirado de la reunión invocando un dolor de cabeza). El Presidente, reunido con Pampuro, Antonio Arcuri, Atanasof y Eduardo Camaño (titular de Diputados y su operador en el Congreso), le confiaba su nueva estrategia política a implementar desde el lunes próximo, a su regreso de Dominicana. También Lavagna reconoció que los funcionarios internacionales quizá no se atreven a suscribir acuerdos por experiencias previas (Rusia, países asiáticos), por las cuales fueron duramente criticados. O sea, requieren el aval de una autoridad superior, un per saltum que por el momento no se imagina y que parece más complicado desde que el poder republicano creció notablemente en los Estados Unidos después de la última elección. Se fortalecieron los defensores de los «carpinteros», como diría Paul O'Neill. Aun así, confesó, John Taylor -el número dos del Tesoro de EE.UU. interesado en el caso argentino-, trabajó anteanoche en alternativas hasta casi la madrugada.

•Discusión

Duhalde, que no escucha otra voz económica que la de Lavagna -lo cual revela lealtad pero falta de amplitud en el análisis-, se lanzó a discutir con sus contertulios el tema de las ejecuciones. Por un lado, planteó a lo que aspira: debemos resucitar la seguridad jurídica y, por lo tanto, establecer las ejecuciones. Otro argumento más sólido: no puede ser que por 16 mil personas (aunque son 50 mil las complicadas) se prive el auxilio alimentario a otros dos millones (ya que la ruptura con el Banco Mundial significaría no recibir los 600 millones de dólares en tres cuotas para los planes Jefas y Jefes de Hogar). Se habló de los intereses en pugna en el tema ejecuciones y alguien recordó que tal vez podría aprobarse, vía FMI, mantener en suspenso aquellas hipotecas con 200 mil dólares como origen, pero que el punto principal se detenía en los grandes deudores. Preguntó Duhalde quiénes eran y pareció sorprendido de que el radicalismo, más el ARI, defendieran tanto a estos involucrados. Después, pasó al tema que últimamente más lo ocupa: la forma en que los medios tratarán esta noticia. El discurso oficial debe ser: hay acuerdo técnico pero no político (la culpa es de otros), y no se puede preservar a 16 mil personas y perjudicar a 36 millones. Otro agregado: el default, en serio, será dentro de 6 meses, razón por la cual no hay que desesperarse.

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